¿El sexo es malo?

Mayo 21, 2013 - 12:00 a.m. Por: Gloria H.

Si las creencias religiosas siguen manejando el comportamiento sexual de los humanos, vamos a continuar estrellados. O tan confundidos y desconcertados como hasta ahora. Las nuevas generaciones ‘nos harán pistola’ mientras los adultos intentamos seguirles dando consejos, recomendaciones y valores en los que ellos ni creen ni practican. Porque es obvio que el mundo cambió -está cambiando en todos los aspectos del comportamiento- y nos corresponde construir propuestas reales o cada vez más la brecha generacional entre ellos y nosotros, será mayor. Perdiendo la oportunidad más valiosa de todas que es la de poder acompañarlos en su proceso de vida. Ojo, escribí acompañarlos y no manipularlos, ni criticarlos, ni juzgarlos, ni siquiera guiarlos, porque no son como nosotros quisiéramos que fueran. No lo son ni lo serán porque sus tiempos y los nuestros no son los mismos. Para las religiones, el sexo sólo tiene sentido en la medida que sirve para la reproducción. El placer en sí mismo está condenado para las creencias religiosas. De allí que todo lo sexual que no esté dentro de las condiciones de las religiones, sea prohibido, pecaminoso o transgresor. Pero los cambios han minimizado el valor de las religiones y sus ‘conceptos’ sobre la sexualidad. Los jóvenes son cada vez más libres y aún más, presionados con el bombardeo mediático sobre el sexo. Ellos quieren experimentar y practicar. El mundo entero les está repitiendo que el sexo es “lo máximo”. (¿Será que sí?) Y así como un beso era ‘demasiado’ para otras generaciones, hoy el coito es un juego sexual que practican y experimentan como el equivalente al beso de épocas anteriores. ¡Hoy nadie se escandaliza porque dos personas se besen!Entonces, existen dos opciones: seguimos diciendo no al sexo. O educamos para que lo vivan con responsabilidad. Seguimos creyendo (tan ingenuos) que los adultos podemos ‘retrasar’ su iniciación sexual o los preparamos para que la vivan responsablemente cuando ellos lo decidan. El sexo no es malo, ni pecado, ni prohibido. Y aún cuando suene muy fuerte, se puede tener sexo sin amor sin que signifique que sea una práctica censurable. Hay sexo con amor y hay sexo sin amor. Las nuevas generaciones tienen que aprender a distinguirlo y no creer que los adultos decidan que porque no es con amor, no lo pueden tener o es censurable. ¿Quién dijo? ¿Las creencias religiosas?¿Existe algún educador o padre de familia que cree que su hijo o hija de 12 o 14 años no ha visto imágenes sexuales o no ha experimentado con su propio cuerpo en busca de placer? Desmitificar el contacto sexual permitiría que ellos vayan aprendiendo por sí mismos y comprueben la diferencia entre el sexo ocasional y el sexo con amor. Ellos son capaces de diferenciar (y aprender) cuando se supriman la presión y la moralidad religiosa.Claro es precisamente la aceptación del ‘juego sexual’ el que puede facilitar el camino para que se dé un encuentro profundo y estable entre dos personas, al lograr diferenciar lo que significa sexo con amor y sexo sin amor. Pero mientras creamos que somos los adultos los que manejamos sus emociones, lo único que se produce son represiones, culpas, frustraciones o embarazos indeseados, cuando los jóvenes se dan cuenta que no ‘cumplen’ las expectativas de los mayores. Eduquemos para que lo vivan con responsabilidad no para que no lo tengan. Eduquemos bajo la premisa científica de que el sexo no es malo. Entonces la realidad será coherente con la naturaleza humana. Y habrá muy seguramente generaciones más estables y armónicas.

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