¿El lugar de la madre?

Agosto 21, 2012 - 12:00 a.m. Por: Gloria H.

Soy consciente de que mi comentario, hoy, va a generar roncha. No es fácil ‘tocar’ ciertas instituciones culturales porque atreverse a revisarlas produce miedo. Y angustia. Que le muevan a uno el andamio donde se para no es tarea agradable. Sin embargo la necesidad de entregar una información que ayude a construir mejores seres humanos, donde cada quién pueda ocupar el lugar que le corresponde, dentro de la estructura familiar, es un compromiso ético que asumo con claridad. Estamos ‘amarrados’ al alma familiar y su pasado condiciona nuestra vida. El lugar que cada quien ocupe en esa estructura es definitivo en la construcción de la personalidad. La familia es la plataforma de nuestras desgracias o de nuestros logros. De allí que en la familia se gesta nuestro futuro... Los medios de comunicación han celebrado (y con razón) la liberación de Sigifredo López. Cada uno a su manera intentó enfocarlo con originalidad tratando de tocar las fibras sensibles ante el despropósito de la acusación. Con excepción de El País, los medios enfocan a Sigifredo como el hijo de doña Nelly. La madre al lado del hijo. Ella, como toda su familia, debió preocuparse y sufrir en silencio toda la angustia inimaginable ante la injusticia. Pero...Cuando los seres humanos crecemos, dejamos de ser hijos. Pasamos a ocupar otros roles: o somos compañeros y compañeras o somos padres o madres. Ya no somos hijos no porque nuestros afectos hacia nuestros padres desaparezcan, sino porque el lugar primordial debe estar al lado de la pareja que escogimos. Si seguimos siendo prioritariamente hijos o hijas, no podremos construir familia y no existirá el linaje que perpetúe la especie. Seríamos entonces ‘niños grandes’ dependientes de nuestra madre mientras nos ‘entretenemos’ con nuestra pareja, lo que es un absurdo. Nadie puede sentarse en dos sillas a la vez. Y no en vano, la Biblia dice “dejarás a tu padre y a tu madre...”, no sólo en el terreno físico, sino, y he allí el asunto, en el terreno simbólico para que el compañero o compañera, se convierta en la prioridad de nuestra vida. Esta ‘escogencia’ es vital en la construcción de familias más sanas y armónicas. La famosa frase materna “primero conociste máma que esposa” es una lápida para las relaciones de pareja. Y todas las mamás deberíamos tener esta claridad de dar un paso al costado, para aceptar y dejar que nuestros hijos construyan su propia vida sin inmiscuirnos y querer ‘manipular’ sus vidas, claro ‘por el bien de ellos’.Ni al hijo ni a la madre les conviene esa dependencia. Hay que crecer, amar y ‘soltarse’. La madre debe tener una actividad diferente de ‘criar hijos’ o dedicarse totalmente a ellos. (Los papás generalmente han tenido vida propia independiente). Si la mujer se dedica al hijo, lo ‘atrapa’ con su afecto. Y así el cuerpo crezca, su mundo interior seguirá apegado a su mamacita del alma y la pareja llega de ‘segunda’, ocupando un lugar equivocado en la formación de la nueva familia. El mundo hoy está plagado de historias de hombres y mujeres que no ‘logran’ construir pareja estable por la intromisión de las familias políticas, en especial de la madre.El caso de Sigifredo es una buena justificación para revisar cómo son nuestras creencias y cómo la cultura perpetúa estructuras enfermizas. Los medios generan cambios pero también ‘anclan’ creencias que nuevos enfoques científicos han revaluado. Es hora de revisar, discutir y actualizarse. Si sólo hay cupo para una sola, ¿cuál debe ocupar la silla: la esposa o la madre?

VER COMENTARIOS
Columnistas