El fracaso de la religión

El fracaso de la religión

Abril 03, 2012 - 12:00 a.m. Por: Gloria H.

¿Que evolucionamos? Claro. ¿Que las creencias que hoy vivimos no son las mismas de hace 20 años, ni siquiera las mismas de hace 10 años? Contundente. El mundo se mueve y en su proceso evolutivo una de las organizaciones que más rápido se relega es la religión como institución de amenazas, prohibiciones y castigos. La religión que todavía hoy insiste en asustar, creyendo que con el miedo se ‘fabrican’ mejores seres humanos. Esa religión que habla de ‘ofender a Dios’, o del Dios que excomulga, o del Dios justiciero que cobra la falta. Esa religión que discrimina a la mujer, que la considera fuente de pecado (Eva responsable de la caída de Adán), esa religión que se escandaliza con la sexualidad pero que practica una doble moral en un gran número de sus sacerdotes precisamente frente al tema sexual. Esa religión materialista, de apariencia y boato como lo que rodea al Papa y su corte. Esa religión pantallera, de contradicciones mayúsculas, que se coloca al lado del poder o de lo que conviene políticamente. Esa religión no tiene vigencia y no seguirla termina siendo un acto de sensatez. Porque la sumisión a sus contradicciones lo único que logra es confusión y angustia. ¿Dónde está el Dios que predican con tanta incoherencia?La Iglesia Católica pasó siglos señalando lo que era bueno o malo (para ella, claro), prohibiendo pensar o cuestionar sus creencias, considerándose ‘dueña’ de Dios al cual sólo podía llegarse por intermedio suyo (fuera de la cual no hay salvación). Peleando con la ciencia como si la moral fuera un argumento que pudiera detener el avance científico. Para esta religión, era (¿es?) necesario ser tarado mental porque las preguntas e inquietudes son peligrosas y subversivas. No se puede pensar por uno mismo: siempre hay que obedecer lo que otros reflexionan y concluyen. Total, como ‘las ovejas’ del pastor, literalmente como rebaño que no puede caminar sino en manada y detrás de un guía. Por ello, a medida que las personas son capaces de ‘pensar’ sin temor a la autoridad de un superyo castigador y severo, el abandono de las religiones es inminente. No significa que se cierre el camino para encontrar a Dios, sólo que no se necesitan profesores regañones y mucho menos jueces cuyas faltas son a veces peores que las que condenan.Semana Santa es una prueba muy fehaciente de los efectos del catolicismo. Y no por los que asisten a las ceremonias (que pueden ser muy devotos y atentos) sino precisamente por los que no asisten, por los que pueden considerar que no se necesitan ‘golpes de pecho’, torturas, culpas, pecado y tragedia, para llegar a Dios. ¡Dios no está en una Iglesia! La idea de tragedia unida a religión católica es otro de sus lunares ancestrales que bien podrían empezar a revisar. Claro, si aceptan que fieles cuestionadores se los digan… En el proceso de evolución, hay que dejar la religión y encontrar el camino espiritual. No es fácil porque suena a apostasía. Pero Dios está allí, como energía, como infinito, como vacío, como todo. La trascendencia no se pierde porque no se practique una religión. Las religiones se necesitaron como explicaciones ‘infantiles’ para un mundo infantil. El ser humano, hoy, a través de la conciencia, necesita otras respuestas que ni siquiera vienen de afuera. Cada quien las puede construir sin necesidad de dogmas o rituales que condenen. Es el Dios de todos, de la mujer, del homosexual, del pederasta, del científico, del hombre, del sacerdote confundido, de todos aquellos ávidos de respuestas en una época que a diario las reclama.

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