¿El fin del mundo?

¿El fin del mundo?

Noviembre 06, 2012 - 12:00 a.m. Por: Gloria H.

Y si fuera cierto que nos están avisando que estamos adportas del fin del mundo, ¿usted qué haría? Y si se cumple la mala interpretación de la profecía Maya, ¿cuál sería su reacción? Y si ahora, para diciembre, algo se detiene, o mejor, todo se paraliza: su vida, la mía, el tiempo, la energía, la vida de los que lo rodean, la naturaleza, el aire, la comida, el dinero, el agua…¿qué haríamos? ¿Qué tan descabellado es imaginar el límite? ¿Acaso no es lo más seguro que tenemos? Así sea, basándonos en la mala interpretación de la profecía, qué pasa si ya es el epílogo? Porque algún día tenía que pasar. ¿Y si es ahora, con nosotros, en nuestra época, cuando toca enfrentar el fin del mundo, qué? Y si el planeta, en su proceso evolutivo, terminó esta era y nos tocó ser contemporáneos de su extinción, ¿qué pasaría? Es interesante el ejercicio de imaginar, al menos, que es el final porque en nuestra programación la cultura no educa para enfrentar desenlaces sino que por el contrario, recalca opciones, duración, eternidad, probabilidades, mundos sin fin. Difícilmente le gastamos tiempo a imaginar la muerte o la consumación y vivimos en un eterno presente como si fuéramos inmortales. Pero, no hay nada más equivocado, más dañino, más psicótico, que creer que así como estamos, siempre estaremos. Entonces, el ejercicio de suponer el fin del mundo no solo es necesario sino también sanador.La incertidumbre es la condición que mejor retrata al ser humano porque nos recuerda lo finito, lo desleznable que somos, como ‘briznas movidas por el viento’, sin tener, en absoluto, control de nuestro futuro. El sólo ejercicio de pensar en la muerte, para muchos, es aterrador. Aún más en psicología se conceptúa que todos los miedos que experimentamos en definitiva remiten al miedo a la muerte. Pero no educamos para poder asimilarla, para aceptarla como parte de la existencia sino, por el contrario, soñamos con derrotarla. Con que pueda desaparecer de nuestra vida. Con que nunca llegue para vivir ‘con este cuerpo’ eternamente. Claro, por eso nos toma por sorpresa. Por eso nos incomoda. Por eso es ‘demasiado pronto’ o quedaron cosas por hacer, o ‘dame más tiempo’. Pero no hay escapatoria posible. El ejercicio individual de mirar la muerte puede ser ahora una práctica colectiva. La interpretación de lo que puede suceder, de acuerdo a la Profecía Maya, depende de las creencias de cada quién. ¿Vida y muerte son entidades separadas o son las dos caras de la misma moneda donde sólo cambiamos de ‘empaque’? Más claro, ¿sólo cambiaremos de dimensión? ¿Existe la reencarnación? ¿Qué sabe de los mundos paralelos? Es obvio que se están experimentando cambios reales a nivel energético y necesariamente esas vibraciones nos llegan a todos. Usted tiene la libertad de creer o no, “el que tenga ojos para ver que vea, el que tenga oídos para entender que entienda…” El fin del mundo puede interpretarse como el final de una dimensión absolutamente concreta, ‘manejada’ por el tiempo y el espacio para ascender a otra donde lo intangible es tan claro como lo concreto de hoy. El tema de las dimensiones puede explicar, en parte, los sucesos de los próximos días. Es obvio que sí estamos abocados a un cambio y cualquiera que sea la interpretación y el desenlace, debemos ‘programar nuestro computador’ para momentos diferentes donde se experimentarán sensaciones increíbles. Desde la conciencia, no desde la razón, el final de este mundo es absolutamente necesario. Y ya está aquí…

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