El boludo y la gorda

El boludo y la gorda

Julio 10, 2012 - 12:00 a.m. Por: Gloria H.

Álvaro Uribe acaba de abrir una convocatoria para escoger ‘el boludo del 2014’. En forma muy clara y con la anuencia de José Obdulio Gaviria abren las inscripciones para el oficio, precisando “cualquiera que sea tendrá que ser consciente de sus limitaciones y aceptar la dirección y orientación del presidente Uribe, que fue lo que no hizo Santos”. No sé cuántos de nuestros hombres políticos se apunten al llamado pero sí es claro que la participación en este reality muestra de cuerpo entero la esencia misma de la hombría y dignidad del concursante. No alcanzo a precisar el nivel de servilismo y boludez que se deba requerir, pero sí debo confesar que esta clase de participantes termina siendo lo más parecido a un tapete. Aclaro el significado del oficio tapete: individuo que no se admira y que por el contrario, retrata de cuerpo entero su poquedad interior y caudillismo hasta el punto de aceptar (a conciencia) ser pisoteado por quién lo ‘distingue’. Como mujer me preguntaría, ¿qué clase de ‘energía masculina’ tiene un hombre que por ambición de poder o por admiración al ‘dios Uribe’ se somete a esta clase de pérdida de su identidad? ¿Queremos las mujeres ser dirigidas por hombres tan insignificantes? ¿La ambición política puede motivar a un hombre a convertirse en idiota útil de manera tan descarada y anunciada? Si la respuesta es positiva, entonces sí es muy claro que algunos de nuestros varones están tan pero tan perdidos que ni siquiera les queda un mínimo de valoración personal. Se les extravió del todo el rumbo de la masculinidad para empezar a tramitar el tortuoso camino de la boludez. Aquí está entonces el perfil del grupo de seguidores del ex Presidente. En aras del caudillismo están dispuestos a sacrificar la propia identidad para ‘apaciguar’ al amo. La aureola del señor Uribe les ‘basta y sobra’ para sobrevivir. Convertirse en apéndices del patrón es el máximo de sus aspiraciones…Por un lado Uribe ‘castrando’ varones y por el otro Azcárate atropellando mujeres. Dos exponentes de la clase ‘pensante’ que contribuyen cada uno, desde su ámbito, a construir un mejor país, más respetuoso e incluyente. ¡Por Dios! Si esta es la manera como creen que se hace, ¿por qué cuestionar a quienes ejercen otra clase de violencia ‘psicológica’ en los hogares, en las escuelas y colegios o en los lugares de trabajo? Si castrando opiniones y criterios, por un lado, o burlándose de lo que no va conmigo, es la manera ‘sana’ de construir sociedad, ¿por qué un hombre en su casa no puede reírse de la gorda de su mujer si una periodista ‘ilustrada’ y reconocida también lo hace y en público? El bullying social produce carcajadas y se patrocina desde los espacios públicos. La esquizofrenia social es tan fuerte que en el mismo medio en que se llama a la reflexión por la violencia doméstica, puede publicarse un comentario de quién se burla de una nariz grande o de un cuerpo con limitaciones. ¿Es coherente? Alejandra se defiende explicando que “es igual a Daniel Samper Ospina”. Claro, la ‘igualada’ es un retrato ‘maravilloso’ del permiso social que creen tener, tanto ella como su comparado, (¿a razón de qué?) para descalificar personas porque no clasifican en sus ‘modelos’ de vida o comportamiento. ¡El uno y la otra lastiman!¿Cuál es el límite de una opinión? ¿Existe algo que se denomina ‘responsabilidad social’? ¿Dónde radica el valor de lo diferente? ¿Qué es criticar y qué es aportar? ¿Cómo se construye la mentalidad ciudadana? Preguntas de infinitas respuestas mientras los hechos están allí, a la vista de todos. Uribe castra, Azcárate denigra.

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