El Alcalde

Junio 29, 2010 - 12:00 a.m. Por: Gloria H.

No es un hombre simpático, sin llegar a ser repelente. Jorge Iván Ospina, alcalde de Cali, es una persona distante, que coloca barreras. Pareciera, casi, que las necesitara. Se lo percibe con la necesidad de marcar diferencia. “No soy como ustedes, no soy de ustedes”. No maneja el humor, es cortante (¿o tímido?) y prefiere sumergirse en el tema que conoce. Por momentos se percibe (es mi interpretación) un halo de resentimiento: necesita la diferencia. No conoce (olvida o lo hace a propósito) el nombre de algunos colegios del sur. Se lo percibe nervioso para empezar. Su saludo es totalmente concreto y rápido: como el estudiante que se siente a prueba, va directo a su tema. Repite casi que obstinadamente el tema ‘Cali 2036’ como para darse confianza. Lo convierte en muletilla. Conoce de lo que va a hablar y entonces mimetiza su personalidad en el dominio de su discurso. A medida que adelanta la temática, se lo siente más seguro y entonces ‘juega’ con los ejemplos. ¡Y se suelta! Pero ‘sólo’ en la temática. Hasta se ‘saca el clavo’ de comentarios de algunas columnas en forma ¿irónica?, ¿resentida?, ¿prepotente? A los participantes los nombra ‘doctor’ y ‘doctora’ y la distancia permanece. Alguien podría opinar que no se deja ‘manosear’ y por ello su actitud prevenida. Creo, sin embargo, que como hombre ‘público’ podría vencer un poco su timidez, o distancia, o resentimiento, o todas las anteriores juntas, para que su presencia (además de sus palabras) sea más cálida. Un personaje público debe saber manejar la seducción porque en el arte de comunicar es necesario ser un poco ‘actor’ en una representación.No es necesario decir mentiras pero todas las estrategias incluidas las presentaciones tecnológicas, están hechas para conquistar. O para descrestar. O para ‘engarzar’. Las ideas expuestas deben llegar al público. Para Jorge Iván Ospina el meollo está en lo que habla: “A lo que vinimos”. Y arranca su disertación, distante en su actitud pero claro en su expresión. El Alcalde maneja el tema de ciudad, tiene un programa coherente, sabe lo que quiere y para dónde va. Es el resultado, muy seguramente, de un esfuerzo mancomunado, de un trabajo en equipo. El sentido de las 21 Megaobras es claro y coherente: un hecho va unido a otro y otro. Contundente la prueba de cómo Cali suspendió trabajar desarrollo y progreso en base a valorización, desde finales del Siglo XX. Suspendimos cobrar y entonces suspendimos progresar. De allí la urgencia de corregir el rumbo. Clarísimo en la presentación de por qué Emcali debía ser del Municipio: si la ciudad no tiene este ‘tesoro’ no tendrá con que crecer. Emcali no puede ser privatizada y es hora de devolverla a su verdadero dueño, la ciudad de Cali.El MIO no es su obra pero sí las estrategias que se manejan en torno al medio de transporte. Incluye hasta la idea de caminar para llegar a las estaciones como una forma de evitar el sedentarismo. El Alcalde aclara varias, pero varias veces (otra vez la prevención haciendo de las suyas) que él no estará en la inauguración de tal obra. Como para defenderse de las críticas de que espera pantalla y aplauso por ello. Su presentación es buena e impactante, definitivamente. Es posible que le falte ‘la gracia’ de la comunicación (a él y a su equipo) y bajarle, definitivamente a su distancia. Menos prevenido podría conquistar más adeptos a sus ideas. Las emociones también juegan en política.

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