Dos mujeres y…

Dos mujeres y…

Marzo 06, 2012 - 12:00 a.m. Por: Gloria H.

Tan fácil que caemos en el espejismo. Tan fácil que nos engarzan y terminamos participando del libreto ‘programado’. ¿Cómo quitarnos ‘la misión’ de entretenedoras, de recreacionistas de la cultura? Pero allí estamos otra vez, ‘divirtiendo‘”’ para que los otros disfruten del espectáculo. Los canales privados de Tv. utilizan a dos mujeres para incentivar el show. El hombre es el ‘convidado de piedra’. O el espectador pasivo que sólo le queda lucirse mientras las féminas se agreden mutuamente. Porque parte de la gracia de ‘Colombia tiene talento’ o ‘Yo me llamo’ se centra en los juicios, comentarios y actitudes del jurado. Las mujeres tienen la tarea de competir, agredirse, ofenderse, halarse la lengua, descalificarse, para que el show continúe. Ellas son las encargadas de la pelea. Como en la riña de gallos, o en las corridas de toros, o en las corralejas, o en las peleas de boxeo, hay que divertir desde la agresión, para que otros se gocen el show de la confrontación. Es un espectáculo denigrante porque conecta con lo más bajo de la condición humana: disfrutar estimulando la rabia. Como en el circo romano, el dolor, la rabia, el sometimiento, la burla, se dan para que el respetable se entretenga. Las mujeres son las que se agreden con sus comentarios. La semana anterior, los gestos de Paola Turbay, su rabia reprimida, frente a la ‘sobradez’ de Alejandra Azcárate, producían ‘pena ajena’. Rivalidad entre belleza e inteligencia, talento y soberbia, orgullo o sumisión. ¿Cuál gana? ¡Hagan sus apuestas! ¡Qué show! ¿Cómo buscaron sus perfiles? Belleza vs. arrogancia, o ternura frente a sobradez o cinismo. Debían construir la ‘pareja perfecta’ para que cada una le pusiera banderillas a la debilidad de la otra. No podían ser iguales sino ‘complementarias’ para que la diferencia generara barras de adhesión o repulsión. Entonces la diferencia del escenario se prolonga al interior de los hogares, o de los grupos de trabajo. Produce raiting. ¿Al lado de cuál estas?Pero para eso es que servimos las mujeres en el mundo patriarcal. Para entretener, para divertir. Si ya el cuerpo no es suficiente como objeto de placer, entonces que se estimulen las emociones más primarias para que los espectadores continúen en la diversión. Se paga para que ‘sostengan el espectáculo’. Y luego nos quejamos que los adolescentes en las vecindades de los colegios ‘se citen’ para que dos peleen, mientras los demás azuzan, hacen barra, toman partido y estimulan al ‘par de idiotas’ que creen que están defendiendo su honor y no que están siendo ‘utilizados’ por el ‘respetable’. Es la cultura del entretenimiento, a cualquier costo. ¿Y los hombres? Totalmente al margen. O ‘boludos’ o ‘lindos’ pero literalmente ‘ausentes’ de la confrontación femenina. Aún mas, hay un sector masculino que ‘goza’ con la rabia femenina y le parece ‘chistosa’: se ríen cuando ven a dos mujeres peleando. Mientras, en la televisión, uno, si intenta discutir termina ‘aplastado’ por la sobradez femenina. O en el otro canal, sólo lo necesitan lindo para que ‘adorne’. Una radiografía demasiado contundente de lo que puede ‘transmitirse’ a través de un programa de entretención. Siempre existe una intención, consciente o inconsciente, y claro, genera mentalidad. La mentalidad construye creencias y estas a su vez, producen actitudes. La cultura, alimentada por el poder, nos convierte en marionetas de un gran show y nosotros creemos que son programas inocuos, sin consecuencias. ¡Qué ingenuidad!

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