¿Dónde queda el honor?

Agosto 06, 2013 - 12:00 a.m. Por: Gloria H.

Resulta que dizque el honor de los hombres está ¡en el cuerpo de las mujeres! Resulta que dizque son las mujeres las ‘guardianas’ del nombre masculino, las encargadas de darle brillo u oscuridad a la honra de los hombres. Dizque somos las mujeres las dueñas del prestigio masculino. Somos las mujeres las que determinamos si un hombre “debe ser respetado” por sus congéneres. Las mujeres tenemos el poder de ensalzarlos o desprestigiarlos. Somos las responsables de su presente y su futuro. ¿Habráse visto? Claro, si tanto poder tenemos, si somos tan omnipotentes, los hombres aparecen como los peleles de la película y deben ‘someternos’ a como dé lugar porque ellos mismos no pueden determinar ni su prestigio, ni su valor, ni su honra. ¡Qué paradoja tan contundente! El hombre de pensamiento machista (orientales, musulmanes, latinos), considera que su honor está en el cuerpo de las mujeres y por lo tanto ellas se deben ‘portar bien’ para que ellos no se sientan mal. Por lo mismo, dicen los hombres, lo único que le queda a la mujer es la vergüenza cuando ha ‘mancillado’ el honor masculino. Cuando la realidad es que la vergüenza es masculina, la de ellos, por depender de tal manera de sus mujeres. La vergüenza (y la rabia) es no tener el poder que creen ellos tienen las mujeres. Pero es un poder que se lo dan los mismos hombres, como si tejieran la red donde quedan atrapados. ¡Será que se volvieron estúpidos o no se dan cuenta de la bomba que han construido con esa creencia! Pero darle tanto poder a la mujer dizque para querer controlarla, es como “escupir para arriba”. Definitivamente la necesidad de control masculino es proporcional a su inseguridad. No en vano alguien dijo que la guerra la “inventó” el hombre para descargar toda su rabia ante el poder femenino de la maternidad. Ellos no dan a luz y ‘no perdonan’ esa ‘discriminación’ de la naturaleza. Por eso ‘juegan’ a matarse: ellas dan la vida y ellos la arrebatan. Menuda manera de ‘empatar’ el partido. De allí su compulsiva necesidad de sometimiento a la mujer nombrándola ‘la guardiana’ de su honor, intentándola controlar para que sea la ‘encargada’ de cuidarlo. Tú cuidas mi honra y yo te atrapo, imagínese paradoja más absurda, pero es la realidad del machismo.En el Oriente un hijo mató a su mamá y a sus hermanas porque estaban jugando bajo la lluvia. Sí, pobre hombre con lo que vio, sintió y no pudo manejar. Mujeres con la ropa pegada al cuerpo 'insinuando' curvas que despertaron lo más instintivo en este hijo, hermano, al punto de matarlas por los deseos que le ‘produjeron’. Pobres hombres: qué infierno con lo que se imaginan y escapa a su control. Qué infierno lo que sienten y no logran integrar a sus vidas. Definitivamente un mundo primario y elemental, casi a nivel de sobrevivencia. Las pulsiones obrando como locas y ellos a merced de ellas sin una gota de capacidad de raciocinio.La historia de la humanidad puede tener muchas lecturas, pero la ‘guerra’ de los sexos ha marcado su desarrollo y pareciera que aún no llega al sano equilibrio de dos que se acompañan sin agredirse. Allí están los violadores de Cleveland, de Bogotá, de Austria… La mujer es el botín preferido y el hombre se ufana de ello. De allí la proporción de su angustia cuando siente la independencia de la mujer, cuando siente su poder y su fuerza. Él, solo con su pene y su rabia ¿cómo enfrentarla? ¿cómo igualarla?

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