¿Dónde están sus hijos?

¿Dónde están sus hijos?

Febrero 26, 2018 - 11:35 p.m. Por: Gloria H.

¿Qué tanto se llega a conocer a las personas de nuestro entorno? ¿Qué tanto podemos ‘meter las manos a la candela’ por los familiares más cercanos? ¿Por nuestros amigos? Vivir con una persona, tener vínculos de sangre o de afecto con ella, ¿es acaso la contraseña que nos garantiza saber quién es verdaderamente? Todas estas inquietudes son válidas cuando se da con un caso como el de María Andrea Cabrera, la hija del general del Ejército que murió hace unos días por intoxicación de drogas y alcohol. Porque la pregunta más delicada de todo el proceso en este momento se la deben estar haciendo sus padres.

¿Realmente conocían a su hija? ¿Quién era María Andrea? No se puede desconocer que las personas tienen actitudes diferentes en diferentes espacios. No es lo mismo estar frente a papá y mamá que en una reunión de amigos. ¿Cuáles son los alcances o cambios en uno u otro escenario? No tienen que ser comportamientos contrarios, pero si hay un ‘destape’ mayor con pares que con personas que representen poder o jerarquía. Las noticias van y vienen, los comentarios de los amigos y amigas, la necesidad de ‘zafarse’ de un lío judicial, todo puede ser un coctel de interpretaciones, suposiciones que desvirtúan o modifican la imagen que se tenía de una persona. Aún para sus padres.

Una persona jamás llega a conocerse totalmente, sin que ello sea negativo. La idea de la transparencia como sinónimo de afecto, incondicionalidad u honradez está mandada a recoger. No significa que se deba vivir ‘disfrazado’, pero los seres humanos somos cambiantes, estamos sujetos a presiones y circunstancias que van modificando nuestras creencias y conceptos. ¡Y valores! No necesariamente para mal. Existe un lugar interior, a donde no llega nadie y ese lugar es nuestra identidad, nuestra intimidad, que no le pertenece a nadie. Además, no tiene que ver con afectos. ¿’Entrego’ mi intimidad a cambio de afecto? Nunca.

Para los padres de María Andrea es muy complejo el momento porque o, prueban que María Andrea murió asesinada o ¿no conocían a su hija? Y esa respuesta es ‘de vida o muerte’. Cuántos casos se conocen de personas que mueren y luego se ‘destapan’ situaciones que ni se sospechaban. Relaciones paralelas, hijos ‘escondidos’, sexualidades no manifestadas, negocios turbios, deudas impagables. Y ni qué decir de la información guardada en un computador que queda al descubierto cuando el suscrito no tiene ya control de esa información registrada con tanto celo. Conocernos y conocer al otro es un imposible.

Nos aproximamos pero la ‘totalidad’ no existe en la condición humana porque somos seres de energía en continuo movimiento. Todo cambia y aquello que se denomina traición puede ser un giro de vida personal que se requiere porque ya no se es el mismo de hace algún tiempo. Se ‘traiciona’ lo anterior pero se escoge lo que se construye en el presente y lo que continúa. Nada fácil pero es la realidad.

Los hijos no nos pertenecen ni son clones. Lo que ellos viven tiene nuestra marca pero no es determinante ni exclusiva. Ellos también deciden. Su biología, los ancestros, el proyecto sentido que los engendró, el significado de su momento de vida en la nuestra, una caja de sorpresas pero no para desesperarse sino, sanamente, para aceptarlo. Somos, en definitiva, espectadores.

Sigue en Twitter @revolturas

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