Dios no está en la Iglesia

Dios no está en la Iglesia

Abril 19, 2011 - 12:00 a.m. Por: Gloria H.

Si lo cree y le ‘ayuda’ vaya a la iglesia. Pero, al pie de la letra, no se requiere asistir a ningún templo para encontrar a Dios. Porque Dios no está en las iglesias. Como tampoco está en muchas de las expresiones, criterios o enjuiciamientos de algunos sacerdotes, pastores o predicadores que se consideran a sí mismos “intérpretes divinos”. Tampoco está en los señalamientos, censuras o discriminaciones para quienes no están de acuerdo con ‘ciertas’ doctrinas. El Dios de amor es el que enseña que el mayor acto de respeto y tolerancia está en “respetar a los que nos irrespetan”. O sea aceptar a los que no son ‘como nosotros’ o no piensan o actúan como lo haríamos nosotros. El Dios de amor, no el que algunos quieren ‘vender’ como parte del ‘paquete de su doctrina’, sino aquel que se encuentra adentro de nosotros intentando ser coherente entre lo que se piensa, se dice y se vive. Dios no prohíbe, no excomulga, tampoco castiga y mucho menos llena de miedo. Dios no ‘premia’ a hogares heterosexuales y castiga a hogares homosexuales. Dios no hace estas distinciones ni tampoco espera que los seres que verdaderamente creen en Él y lo sienten, las hagan. No podemos olvidar que lo más valioso del camino espiritual es intentar ser coherentes practicando el amor, es decir la tolerancia. Con los otros y con nosotros mismos. Dios no ‘apunta’ nuestras faltas y luego las cobra. Dios no se venga ni vive pendiente si nos comportamos ‘mal’ para pasarnos factura. El Dios de amor es aquel que está en nuestro propio mundo interior, al que podemos denominar luz, conciencia, energía, principio y fin, infinito, alma. Ese Dios es el que no necesita intermediarios para llegar a Él. Aún más, ni siquiera se necesita de una religión para encontrarlo. Las religiones fueron necesarias para los períodos en que el ser humano vivía las primeras etapas de su evolución. Porque la historia de la humanidad se asemeja al desarrollo de un individuo: infancia, adolescencia, juventud y madurez. Así, en la medida en que el infante crece, ciertas disciplinas o controles van desapareciendo porque la responsabilidad se ha interiorizado.Igual, la religión no es necesaria cuando se ha trabajado un camino espiritual. Porque la religión es importante para quienes necesitan que les digan qué hacer. La espiritualidad es el camino de los que siguen su propia voz interior. La religión amenaza y amedrenta, la espiritualidad te da paz interior. Las religiones dividen, la espiritualidad une. Las religiones no aceptan los cuestionamientos: la espiritualidad necesita las preguntas, las dudas, las inquietudes. Entonces, ¡Dios no está en una iglesia! En la actividad que quiera practicar en estos días de descanso, Dios puede seguir adentro de usted: en su risa, en su alegría, en su compartir. Puede estar en la playa, en la música, en la comida sana, en el juego y en los chistes. Puede estar en el sexo, en la ternura, en el abrazo, en la fogata, en la piscina. En la obra de teatro o en la película. Como también en el silencio, en la naturaleza, en la meditación y tranquilidad de un momento de soledad. Dios está presente siempre y no necesita espacio para ser ubicado. Pero descubrirlo en nuestro interior requiere coherencia, tal vez la actitud humana más difícil de vivir. La coherencia es la llave que permite el encuentro pleno con Dios, la certeza de Dios en nosotros, el momento donde te fundes con Él y entonces se le encuentra sentido a la vida.

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