¡Dios es un caucho!

¡Dios es un caucho!

Septiembre 14, 2010 - 12:00 a.m. Por: Gloria H.

La prueba más clara del sinsentido de las religiones, es que ‘en nombre’ de Dios nos estamos matando. Él terminó siendo una ‘posesión’ humana y cada quien lo utiliza para su beneficio. Como si fuera un caucho, cada cual lo hala para su lado, para su conveniencia. Como si fuera una construcción de la razón, el Dios personal se convirtió en un arma para descalificar y agredir al otro. A nombre de Dios se están cometiendo los mayores atropellos. Quien no crea en lo que yo creo, es mi enemigo. Quien no piense como yo, debe ser excluido. Y entonces Dios sólo es un objeto que utilizo como arma para discriminar cuando no están de acuerdo conmigo. Amor, tolerancia, respeto por la diferencia, ‘dizque’ principios religiosos no son más que excusas para atraer ‘incautos creyentes’ y de esta forma aumentar el control sobre los demás. Asustando, excluyendo, discriminando. Este Dios de las religiones es una construcción humana. Éstas terminaron siendo pequeños ejércitos de guerra cuyas ‘armas’ son su propia ideología con la que acrecientan dominio y control. El Corán, la Biblia, la Kabala, la Cienciología, cualquiera que sea la creencia se considera que es la mejor, la más poderosa, fuera de la cual no hay salvación. Es obvio entonces que el deterioro de las religiones es eminente puesto que enredadas en prohibir, excomulgar, amedrentar o excluir, se olvidaron del verdadero sentido por el que los seres humanos las necesitaron en su proceso de evolución. Pareciera entonces que las religiones han terminado su misión. Ya no satisfacen la trascendencia de los seres humanos. El aniversario de este 11 de septiembre exacerbó los ánimos y mostró cómo para algunos existen religiones malditas y las creencias de los demás, diferentes a las propias, deben ser eliminadas. Prueba fehaciente de que intentar eliminar violencia con violencia sólo produce más violencia. Religiones violentas cimentadas sobre el principio de que existen los buenos y los malos. Claro, los otros son los malos y nosotros...Las religiones hablan del bien y del mal, de lo que es bueno y de lo que es malo. ¡Qué terreno tan peligroso meterse en esas honduras! ¡Qué camino tan delicado puesto que no existen elementos más relativos que el bien y el mal! ¿Bueno para quién?, ¿malo para quién? Las religiones que trabajan señalando lo bueno y lo malo de la conducta humana transitan por un sendero pedregoso, lleno de incoherencias y, lo que es más delicado aún, sometidas a miles de contradicciones. Los seres humanos no podemos encaminar nuestros actos sólo guiados por la ruta del bien o del mal. El único principio realmente válido, que ‘soporta’ todas las creencias y que apunta al verdadero sentido de la trascendencia es “tratar al otro como yo quisiera ser tratado”, el mandamiento universal es “amar al otro como a ti mismo”. Lo demás termina siendo manifestaciones de guerra. El amor universal y trascendente es capaz de resistir cualquier creencia relativa de bien y mal: no se equivoca y genera verdadera tolerancia.Todos aquellos dogmas, rituales, prohibiciones, oraciones a nombre de una creencia religiosa, están llegando a su final. Para llegar a Dios no se necesitan intermediarios, ni padrinos. El camino de la espiritualidad no transita por lo bueno o lo malo mientras que las religiones sí. Y la única creencia universal es el amor. Entonces dejar la religión puede ser un principio para el sendero de la espiritualidad. ¿Lo acepta?

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