Desmitificar a mamá

Desmitificar a mamá

Mayo 01, 2012 - 12:00 a.m. Por: Gloria H.

En vísperas del famoso y repetitivo Día de la Madre, ¿estaremos preparados para ‘revisar’ el concepto mamá y señalar ‘los daños’ que pueden hacer las madres cuando están endiosadas? ¿Seremos capaces de analizar cómo humanamente no existe un ser perfecto y, por lo mismo, para empezar a interactuar desde lo real y no desde el ideal, debemos encontrar tanto las luces como la oscuridad de las instituciones humanas? Sí, y la madre como ‘estructura’ también tiene sombras... Sólo que la cultura se empecina en afianzar conceptos y teorías que sostengan lo ‘ya’ establecido. Revisar puede ser peligrosísimo porque pone en jaque lo existente y motiva al cambio. El poder no soporta la revisión que ponga en peligro su lugar... Endiosar a la madre puede ser una estrategia de la cultura patriarcal para ‘amarrarla’ a un oficio (!) y de esa manera el hombre seguir teniendo todo el control sin amenazas cercanas. Ella allá y yo acá. Sólo que la liberación traída por la píldora le concedió a la mujer un poder que escapó del control masculino. Ya no tiene que ‘sólo’ tener hijos para darle sentido a su vida. Entonces, nos encontramos en un campo ‘de igual a igual’. ¿Estamos preparados?El hombre está ‘perdido’ en un escenario que no domina y la mujer si se marea con la ‘libertad’ también puede enredarse. Este libreto es el que vivimos ahora y debemos prepararnos para enfrentarlo. No será asunto de un ‘curso’, o de un aprendizaje de un año y menos aún, de un diplomado. Es cuestión de vivirlo, sufrirlo y construirlo, recibiendo información y aportes que permitan ‘abrir la mente’. Pero, mientras y como una necesidad de sostener lo que ya existe, la figura de la madre ‘buena, perfecta y sabia’ se perpetúa para que ‘nada cambie’. Sin embargo, la madre no debe continuar endiosada: esta supuesta idealización, impide la revisión de sus grandes faltas. Que no borran sus aciertos pero si no se revisa la sombra... La primera de todas es aceptar, digerir, que la maternidad ‘no gradúa’. Una mujer porque dé a luz un hijo no deja de ser ella, no cambia de personalidad. La misma mujer querida u odiosa, amorosa o controladora, tramposa y egoísta, envidiosa o generosa, histérica o comprensiva, seguirá siendo ella misma, con su mismo carácter, después de dar a luz. Bueno, creo que nadie podrá decir que las mujeres somos perfectas (gracias, no es para ‘tanto’). La mujer es humana, con virtudes y defectos. La madre por lo tanto no es perfecta, ni siempre quiere lo mejor para los hijos, ni quiere a los hijos e hijas por igual. La madre a veces lo que pretende es ‘utilizar’ al hijo para que le dé sentido a su vida, o ‘usarlo’ como arma frente al hombre-padre que la abandonó o cambió por otra. La manipulación de la madre es infinitiva porque precisamente ‘sabe’ de su poder a través del afecto. El chantaje materno, la maldición (te maldigo) cuando no hacen lo que ella quiere, la sobreprotección excesiva, son algunas de las ‘perlas’ que la cultura no quiere ver en relación con la madre ‘perfecta’. Y aunque no lo crea, existe la hipótesis de que detrás del ‘matoneo’ o ‘bullyng’ puede existir una madre aprehensiva, que no ‘suelta’ su retoño y le impide ‘vincularse’ con el mundo y aprender a vivir allí. Qué tal la frase (y exigencia) materna “primero conociste máma que esposa”, capaz de dinamitar matrimonios. Hay mucho por revisarle a la ‘institución’ madre y más vale hacerlo antes de insistir en su dañina perfección. La culpa o el miedo no pueden impedir que se abra el debate.

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