Cuando la Navidad no es tan buena

Diciembre 21, 2010 - 12:00 a.m. Por: Gloria H.

¿Quién no ha tenido una Navidad difícil? ¿Quién es aquel que no ha vivido un diciembre donde las cosas no cuadran? Seguir creyendo que el último mes del año es una panacea, como varita mágica que todo lo ‘arregla’, pertenece más al pensamiento infantil que a una actitud madura. Todos los diciembres de la vida no pueden ser buenos, felices y placenteros, porque como son parte de la existencia de los individuos están sujetos a la complejidad humana. En otras palabras, no logran ser perfectos porque son finitos y reales. Sucede por problemas económicos; quién no los tiene hoy en día y, entonces, no alcanza a construir una Navidad como la imaginó. Existe el reto de darle un nuevo sentido donde regalos y paquetes no se conviertan en sinónimo de felicidad. ¿Y qué pensar de la Navidad que se enfrenta por primera vez con la ausencia de una persona muy querida o que significó muchísimo en nuestras vidas? No podrá ser un diciembre armonioso construyendo recuerdos con la soledad, la tristeza y la nostalgia. Pero hay que encararlo, no se lo puede suprimir del calendario y mucho menos desear mágicamente que se celebre cada dos años. Ni siquiera lo puede embolatar diciéndose que no existe, porque todo el mundo se lo grita en la cara. ¡Aquí está la Navidad!¿Y si es una Navidad con la amenaza de una enfermedad? ¿O si es un diciembre después de un rompimiento de pareja? ¿Y si le llegó la primera Navidad después de un abandono afectivo? O si simple y llanamente las ilusiones están agotadas, la sonrisa desgastada o no da el ánimo para fiestas y carcajadas. No, no se preocupe. No es un ser extraterrestre. Pertenece al conjunto de los seres humanos sujetos a la eventualidad y a las limitaciones propias del existir. Un diciembre difícil es una oportunidad para aprender situaciones diferentes. La contingencia de la vida habla de momentos buenos y momentos complejos. La felicidad surge mucha veces de la comparación con las situaciones de tristeza. Hoy sí, mañana no. Los contrarios, alimentándose mutuamente. Entonces, si su diciembre no es bueno, si esta Navidad no se cumplen las expectativas forjadas, créame, la vida le dio la oportunidad de aprender. A usted y a los que lo rodean. Aprender de un momento difícil es una enseñanza que se cose a las entrañas y nunca abandona. Y sirve para valorar lo que se tiene ¡cuando se lo tiene! Sirve para entender la relatividad del tiempo. Porque quedarse en la amargura y el resentimiento es una forma victimista de encarar la vida. Todos los diciembres no tienen que ser buenos -no pueden serlo-, porque se es humano, es decir, limitado y finito. Ahora, en Colombia vivimos una situación de impacto ante los problemas reales de tanta gente a causa del feroz invierno. Vivirlo en carne propia es enloquecedor, pero también ser espectador de esa situación crea un impedimento moral para disfrutar o gastar en exceso. Se da un cierto pudor ante la tragedia de los demás y el corazón percibe el límite. Desear felicidad en un diciembre ‘bueno’ es fácil y chévere. Pero desearlo cuando el corazón no está bien, he allí el mérito. La Navidad también está hecha para los que tienen tristezas y problemas, y depresiones y angustias. Y aun cuando no lo crea, antes que el derecho a un diciembre fingido usted tiene derecho a su propio sentimiento. Feliz Navidad aun cuando su corazón esté hecho una pasa... Alguna vez entenderá que esta Navidad tuvo que ser oscura para que las que están por venir brillen con más intensidad.

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