¿Cuál paz?

¿Cuál paz?

Abril 09, 2013 - 12:00 a.m. Por: Gloria H.

Aun cuando utilizamos el mismo lenguaje, aun cuando somos contemporáneos, aun cuando presenciamos los mismos acontecimientos, no todos ‘entendemos’ lo mismo. No es la inteligencia la que nos maneja o diferencia. Lo que hace que cada quién tenga su propia visión, su propia creencia, está determinado por su nivel de conciencia. Algo semejante a los estudiantes de un colegio: no todos captan de la misma manera, dependiendo del curso en que estén matriculados aun cuando puedan tener los mismos profesores.Pero claro, lo que cada quien capte y manifieste ya en su comportamiento o en palabras es una radiografía de su desarrollo evolutivo. Como los espejos con los que trabaja Santiago Rojas, al colocarlos sobre el cuerpo y ‘retratar’ la enfermedad, de igual manera nuestras creencias retratan el momento de evolución en que vive cada uno. De allí que pretender que 45 millones de personas actúen igual es una utopía. Anhelaríamos sí que la mayoría hubiera vivido ya los niveles ‘primarios’ de la evolución para aceptar que convivir no es destrozar al más débil. O que la única manera para sobrevivir es acorralando o violentando al que no piensa como yo. Por eso la paz es un tema pluralista y cada quién puede tener su ‘visión’ de cómo quiere la paz. Lo valioso es que queramos la paz desde nuestro mundo interior, desde donde verdaderamente significa anhelar paz. Pero hay quienes conciben la vida como una eterna lucha, como una guerra, donde siempre hay que estar defendiéndose. Siempre hay alguien que ataca y persigue, siempre existen malos y buenos y siempre hay que estar prevenido. Todo el que se acerca es un potencial enemigo. Pertenece esta posición a los niveles más bajos de conciencia, niveles elementales de sobrevivencia, donde todavía no existe vivencia de solidaridad o compasión. El mundo es un enemigo, los demás son guerreros que atacan y como en la prehistoria, cualquiera que no pertenezca al entorno conocido es un posible depredador.Si tenemos rosas y las encerramos en una bodega, por hermética que esté, afuera se sentirá el olor de las rosas. Si por el contrario, lo que guardamos en esa misma bodega, por muy bien cerrada que esté, son depósitos de basura, afuera olerá a basura. Como quien dice, en el exterior se huele lo que hay en el interior. Ninguna pared, ningún hermetismo, así sea físico, logra impedir que se respire de lo mismo que existe en un espacio cerrado puesto que es imposible detener energías, percepciones, olores o situaciones así creamos que una pared, o una barrera física las detendrá. Las máximas universales dirían que “para todo afuera hay un adentro, y para todo adentro hay una afuera y aunque son diferentes, van juntos”. Entonces, impacta encontrarse con personas que pareciera que destilaran veneno. Como si su ‘olor interior’ fuera la rabia, el odio, la retaliación. ¿Qué es lo que cobran y a quién se lo cobran? Tienen derecho a su incomodidad, es parte de su proceso. Pero le apuestan a lo negativo, a lo que falta, a lo que no se hizo, a ‘cobrar’ las dificultades. Y si no existe conciencia de lo que destilan, se corre el riesgo de que ‘el mal olor’ se contagie. De allí la importancia de hacer consciencia de quienes nos rodean: los que odian y destilan ira o los que le apuestan a la convivencia y solidaridad. Si en el corazón se anida tanta rabia es claro que los pendientes personales se proyectan al exterior y se cree que son los otros los que hacen daño o se equivocan. Pero la paz, como tantas otras actitudes, comienza por casa. La casa interior…

VER COMENTARIOS
Columnistas