¿Cómo es un petrista?

¿Cómo es un petrista?

Mayo 21, 2018 - 11:35 p.m. Por: Gloria H.

Pero así como hay ‘religión uribista’, también existe religión petrista. Es increíble el grado de dependencia que estos dos personajes ‘causan’ en sus huestes. Caudillos mesiánicos, obnubilan con su presencia y sus seguidores se convierten en fanáticos de una religión. O de un equipo de fútbol. O de una ideología que no acepta, no puede aceptar, otro principio diferente a la palabra de su dios. A Uribe le nació ‘competidor’ en endiosamiento y mesianismo. Por algo se parecen tanto. Se alimentan de la rabia –es sorprendente- y es con resentimiento, con odio, como desearían gobernar. Su espejo retrovisor es tan grande que no tienen futuro, por mas palabrería que pronuncien. Es mirando para atrás, ‘cobrando’, “el que la hace la paga”, como dizque quieren contribuir a crear porvenir.

Cuando se está con tanta carga de rencor y odio, lo único que se destila es resentimiento. Uribe y Petro pareciera que compiten colocando ‘oficinas de cobro’ en el corazón de quienes los siguen. Lo único que anhelan es tener poder para poder enderezar. Que en definitiva es cobrar.

Porque Uribe y Petro sí saben cómo hacerlo. Promoviendo la indignación, extraen lo ‘peor’ de quienes los siguen. Rabia, rencor, miedo, prevención. Prometen ‘gobernar’ pasando facturas. Tienen una mirada hacia el pasado. O como muy bien escribe Adolfo Zableh, alimentan a “paramilitares del teclado” u hordas de indignados. Es increíble lo fácil que es despertar el odio en la esencia de los colombianos. Sí, definitivamente algo existe en los genes de Colombia para resonar ‘tan fácil’ con tanta indignación. “¿Cómo hacen para vivir así? Es como si sólo tuviéramos dos velocidades: amor desmedido y odio extremo. Esa misma energía que hace que nos matemos entre nosotros si nuestro equipo de fútbol gana, o pierde, es la misma que nos hace combatir la violencia con más violencia. Es una fuerza vital, un motor de odio que tenemos adentro y aflora con cualquier estímulo. Con muy poco en realidad”.

Los petristas se subieron al carro de la indignación. Para un indignado no existe nada, absolutamente nada bueno. Hay que destruir para poder construir (a su manera, claro). Ellos sí saben hacerlo, ellos sí son capaces. Un ‘tibio’ por el contrario no despierta ‘esa pasión’ de odio, ni de rabia, ni de rencor. Es neutro y para esta comunidad de indignación, esa pasividad no genera ninguna clase de adhesión. No, el buen candidato es aquel que torea los fantasmas interiores, aquel capaz de sintonizar con lo mas primario e instintivo del ser humano. Puro cerebro límbico, reptiliano. Ningún filtro, nada de educación y menos de mesura.

¿Quiere vomitar? Súbase al carro de los indignados, Uribe o Petro, y estará en su salsa. ‘Son de los suyos’, así es como debe ser. El mundo está compuesto de buenos y malos, usted es de los buenos y todos los demás son malos.

Puede que usted crea que una golondrina no hace verano y que su voto ‘ni suma, ni quita’. Pero ojalá captáramos que estas votaciones no son entre candidatos de uno u otra idea. Son elecciones entre el odio y la cordura. Que le aportan o que revuelcan. Que destruyen o que construyen. Quienes le apuestan a un país donde todos cabemos (todos) y quienes marcan la línea divisoria (claro católica y cristiana) entre hijos de Dios o hijos del diablo. Decida.

Sigue en Twitter @revolturas

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