Charlie- Charlie

Junio 02, 2015 - 12:00 a.m. Por: Gloria H.

No sé si usted entra a una Iglesia y le reza a las paredes, a las estatuas, al sacerdote o al pastor… Creí que las personas ingresaban a un templo religioso para intentar conectarse con espíritus. Sí, con los espíritus ya fuera de Dios o de un llamado Principio universal o de Buda o de la Energía, o de lo que fuera. También se entra –creo- para conectarse con seres santificados o seres queridos fallecidos. Orar es entonces una forma de comunicación con espíritus. ¿De dónde acá el escándalo porque los jóvenes están intentando conectarse con ellos como si los espíritus no existieran? Sí, el problema no está en desconocer a los espíritus sino en revisar la forma como lo están haciendo. Pero negar la existencia de ellos es por así decirlo de una ignorancia extrema. Al entrevistar a un físico de la Universidad del Valle sobre el asunto de los lápices y el papel en el juego de Charlie-Charlie, dijo muy seguro que se debía a un asunto de la ley de la gravedad donde los lápices se mueven o porque hay viento, o por su peso, o por que soplan a su alrededor. Entonces, concluyó desde su ciencia, que no existe explicación sobre espíritus, ni mas allá, ni situaciones ‘anormales’ en quienes lo juegan. ¿Quién dijo que los espíritus no existen? ¿Qué sucede con nuestra conciencia? ¿alma? ¿energía? ¿espíritu? ¿cuando desencarnamos? Nos morimos y ¿desaparecemos? ¿No hay un más allá? ¿Las religiones engañan cuando hablan de lo que sucede después de la muerte? Todas estas inquietudes vuelven a cobran validez ahora que el juego de Charlie-Charlie se volvió popular. Y el que se haya vuelto viral, por publicidad, o por contagio, no anula la realidad que existe detrás del papelito y los lápices. Porque esta versión actualizada de la tabla ouija, es una manera elemental (nada sana) de conectarse con seres desencarnados. Los espíritus sí existen. Una cosa es que no se sepa manejar esa conexión y otra negar la realidad de lo que sucede.El famosísimo texto ‘Un curso de milagros’ fue una canalización ‘dictada’ a dos profesionales de la salud, Helen Schucman y William Thetford quienes trabajaban como catedráticos de psicología médica en la Universidad de Columbia en Nueva York. En ese momento ninguno de los dos presentaba tendencias espirituales. Aún más, Helen se describía a si misma como una persona conservadora y de ideología atea. Pues bien, ellos recibieron la información “del más allá”, de espíritus o maestros que prácticamente se los ‘dictaron’. Y como este libro existen miles de textos e información ‘dictada’ o canalizada a través de maestros o espíritus. Los espíritus sí existen y a través de los tiempos los seres humanos siempre han intentado conectarse con ellos.Hay riesgos y peligros porque cuando se ‘abren’ estos canales, pueden llegar almas desencarnadas que no han podido encontrar su camino y se han ‘quedado’ en un limbo espiritual y necesitan encontrar un cuerpo donde intentar materializarse. Entonces ‘entran’ al cuerpo de quien juega a conectarse, se ‘posesionan’ de él y es cuando la persona poseída pierde el control de sí misma para ser ‘habitada’ por otro ser. Pero el que exista peligro no significa que, por temor o por ignorancia, niegue su existencia. En el tema del juego de Charlie-Charlie, con todas las explicaciones que se quiera sobre ley de gravedad o ventarrones, los lápices pueden ser ‘movidos’ por energías o fuerzas diferentes a las que manejamos en la tercera dimensión. Los médium existen y es necesaria una formación, madurez y equilibrio para servir de puente entre esta y otras dimensiones. Pero no se puede negar su existencia porque “yo no creo”. La ignorancia no ‘elimina’ el producto negado. Qué buena oportunidad para apoyarse en una información científica que prueba la existencia de otros espacios a los que podemos acceder. Frente al mundo juvenil existe una inmensa responsabilidad. O les transmitimos nuestros miedos o les abrimos la mente.

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