¿Bullyng o humor?

¿Bullyng o humor?

Diciembre 09, 2014 - 12:00 a.m. Por: Gloria H.

Hay límites muy pero muy sutiles entre la agresión y el humor negro. La delgada línea que los separa depende muchísimo de quién interpreta y claro de la intención con la que se construya el humor. Burlarse de alguien puede ser ‘chistosísimo’ para los espectadores del asunto pero totalmente agresivo para el personaje en cuestión. Así como dar con la palabra adecuada para ‘retratar’ un comportamiento o describir un detalle físico, puede obedecer a un ‘creativo genial’ o al más despiadado de los cínicos. Línea muy pero muy delgada donde marcar la agresión o el chiste se vuelve muy complejo.Por eso nunca he podido entender (y mucho menos aceptar) el humor negro de Daniel Samper Ospina en su columna de Semana. Hace mucho tiempo no lo leo porque la decisión de escoger qué te hace daño y qué no, depende de cada quién. Yo escogí no hacerme daño y por ello lo evito. La decisión entonces no depende de que se publique o no, de que se prohíba o no. Cada quién se ‘alimenta’ de lo que quiera. Por ello me llamó muchísimo la atención que el premio Simón Bolívar en columna de opinión, se lo hayan adjudicado a un hombre que lastima de manera despiadada a los demás. El exministro Arias no es santo de mi devoción pero el calificativo ‘humorístico’ de píncher que le endilga Samper Ospina no sólo es denigrante sino totalmente violento. Pero, qué chiste, ja, ja, ja, ¿usted se ha reído con las ‘ocurrencias’ de Samper? ¿Le parece ingeniosísima su manera de burlarse de los políticos, de los cojos, de los gordos, de los flacos o de cualquier defecto físico de otros? Su columna semanal, hasta que la leía, era una diatriba contra alguien, contra sus condiciones físicas, contra sus defectos. Créame, por muy político que sea, por muy blindado que usted esté, la burla pública y sobre todo a los defectos físicos, no es fácil de asimilar. Y Samper se ‘especializó’ en ese tema. Es summa cum laude para la agresión verbal y ofensiva. Claro, para algunos es humor, ja, ja, ja, qué gracia, qué ingenio.Quién lo creyera, en el manejo de situaciones tan complejas la expresión generalizada de todas las corrientes espirituales es la mejor manera de marcar el asunto. “No hagas a los demás lo que no te gustaría que te hicieran a ti”. Pero muy posiblemente Samper responda “como a mi no me importa yo lo hago” y allí sí el límite obedece a salud mental. En Colombia estamos impactados por la violencia en colegios donde el bullyng o matoneo campea, sin que haya forma de controlarlo. Son niños y niñas y hay que defenderlos. Los colegios construyen manuales de convivencia, convocan talleres de solidaridad y respeto pero la sociedad (de grandes) se carcajea y ‘premia’ a quien ha construido un nombre periodístico burlándose de los demás. ¡Que viva la coherencia social! ¿Quién defiende la autoestima de un adulto? ¿Quién aboga por la estabilidad emocional de un individuo de más edad? Claro, esta persona termina en manos de un psicólogo o psiquiatra o enfermo de algún órgano de su cuerpo que ‘grite’ una demanda de cuidado o protección. Cada vez se comprueba que las enfermedades tienen bases emocionales. Esto no significa que la sola columna de Samper ‘enferme’ pero que es parte del proceso de aniquilación de una autoestima, sí. ¿De quién no se ha burlado? ¿A quién no ha puesto en su tribunal de ridiculización y mofa? Así como en la prostitución los responsables no son solo las que ‘sostienen’ el negocio sino también los que ‘contribuyen’ a este, si usted se ‘ha gozado’ las columnas de Samper Ospina, no tiene autoridad moral para regañar a sus hijos porque se burlan de otros… Esa complicidad pasiva puede haber sido socialmente una manera de contribuir a que ridiculizar a otros sea “un chiste ingenioso”. ¡Y premiado!

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