Beso robado

Beso robado

Julio 24, 2017 - 11:35 p.m. Por: Gloria H.

¿Y si todos ‘robáramos’ besos, usted a quién se lo ‘robaría’? ¿Le gustaría que le robaran ese beso o se sentiría invadido? ¿Qué asco las babas de un desconocido? ¿Son comprometedores los besos robados? ¿Quién es más ‘culpable’ en el beso robado: el que lo roba o el que se lo deja robar? El asunto se puso interesante y qué chévere que estemos hablando de besos robados, a nombre del amor, la publicidad, emociones elementales, o la motivación que sea. Pero besos robados no balas perdidas o asesinatos por barras bravas o tuits incendiarios. El cambio del chip no es potestad del Gobierno, ni de los partidos políticos. Así como cada quien puede decidir qué come para alimentar su cuerpo, cada quien decide de qué se nutre para respirar armonía. Entonces, los besos robados son un buen tema para oxigenar el ambiente.

Pero claro, es diferente ser protagonista del beso robado, a ser espectador del mismo. Y más, si se tiene una relación con los ‘actores’ del hecho. A Claudia Elena Vásquez no le debió ‘llamar la atención’ la cara de estúpido o atontado o impactado que tuvo su marido, Carlos Vives, después de que la mujer se le abalanzó. Además él no hizo ni el menor amague para separarla. Por el contrario, lo permitió y lo permitió… y hubo que venir al rescate (¿de quién?) para separarlos.

Es imposible no sentir algo frente a un hecho que por más impactante y sorpresivo que sea, se ‘siente’ en el cuerpo, conecta hormonas y produce emociones. A la muchacha ‘atrevida’ dizque se le está acabando el matrimonio y a Vives ‘algo’ le debieron decir en su casa. Es lo menos que merece. ¿Usted le diría algo?

Vimos a los protagonistas disfrutando de su momento (o actores ¿lo montaron a propósito?) pero qué produce este hecho en los que han retuiteado el incidente. ¿Envidia? ¿Molestia? ¿Risa? ¿Sorpresa? Sin embargo hay un trasfondo, siempre lo hay y vale la pena analizarlo. No puede negarse que un beso robado es un acto de agresión contra una persona que no participa del hecho y que la toma por sorpresa. Es un atrevimiento que puede terminar siendo agradable pero que bordea los límites de la ofensa. En definitiva es robado porque no se da voluntariamente. Es agresivo porque ni pide permiso ni tiene consentimiento. Y puede fastidiar. En un tema como el amor o la sexualidad es tan pero tan importante el consentimiento, la aceptación de lo que la otra persona desea hacer con nuestro propio cuerpo. Hay sorpresas agradables sí, pero hay descaches absolutos con lo sorpresivo. Y antes de causar una agresión, vale la pena preguntar e indagar. Se pierde parte de la espontaneidad pero se evitan incidentes que dejan huella para toda la vida. Las sorpresas amorosas no siempre son bien recibidas porque suponemos que el otro u otra es ‘como yo’ y lo podría disfrutar como yo lo haría. Pero el otro u otra es diferente y puede experimentar ‘la sorpresa’ con una cara de asombro que acaba con cualquier ilusión o entusiasmo. En nuestra cultura se ha privilegiado en exceso la espontaneidad pero déjeme decirle que también es la responsable de baldados de agua fría difíciles de olvidar.

El respeto por el otro no puede llevarnos a privilegiar mi sentir sin calcular la forma en que el otro recibe las muestras de afecto. Tema difícil de vivenciar y mucho más fácil de presenciar.

Sigue en Twitter @revolturas

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