Analfabetas ‘cuánticos’

Enero 10, 2012 - 12:00 a.m. Por: Gloria H.

Este año estará caracterizado por dos clases de personalidades: una, los analfabetas ‘cuánticos’, aquellos de mentalidad vieja que se quedaron en las concepciones de Newton y el mundo mecanicista donde gritarán al más puro estilo de Santo Tomás “ver para creer” y los otros, los ‘cuánticos’, que como su nombre lo indica, están al día con el devenir de la ciencia, abiertos a las nuevas miradas (asombrosas) que aportan el conocimiento, la investigación y la sabiduría. Los analfabetas cuánticos están inmersos en lo que aprendieron hace 10, 20 ó 40 años y no se mueven un ápice de la idea de su concepción del mundo como una máquina compuesta de partes que se integran y funcionan como un reloj. Para ellos sólo existe lo que ven y tocan. Física mecánica y racional. Lo demás son invenciones de locos deschavetados. Daniel Samper Pizano lo escribió el domingo. Está en su derecho, es la vieja guardia del periodismo que no quiere aprender nada diferente a lo que asimilaron hace 40 años. ¿Miedo? ¿Incapacidad mental? ¿Terquedad? ¿Todas las anteriores? En el otro bando, los ‘cuánticos’ acompañados de eminentes científicos de todas las especialidades que se bajaron de su pedestal o mejor, que se salieron de los laboratorios para aportarle a sus congéneres los descubrimientos que se pudieran ‘masticar’ en la vida cotidiana. Epigenética (por encima de la genética), biología con Sheldrake que impacta al referirse a la información del campo mórfico, Bruce Lipton con su concepción sobre “la biología de las creencias”, Mark Planck y sus descubrimientos sobre los cuantum (denominación más baja de energía que se puede intercambiar), Hammer y su ‘terrible’ revolución en la Medicina, Ken Wilber y el cuestionamiento a la Psicología de lo corporal, en fin, cientos de científicos caminando por otra senda donde es imposible esconder o no ver lo que sucede en el mundo de hoy. Pero se requieren agallas para atreverse a ser del grupo de los innovadores, de los que se arriesgan a no seguir repitiendo lo mismo. Se necesita, sobre todo, cierta condición humana para despojar a la razón de todo su poderío y aceptar que existen otras modalidades de aprendizaje. Difícil pero estimulante tarea que no necesita adeptos, ni evangelizadores. A esta ‘agremiación’ no se llega por arrastre ni por moda. Esta no es una cruzada para ganar o perder seguidores. Cada uno queda al desnudo de acuerdo a sus concepciones o creencias. Y da pesar encontrar que en los medios de comunicación de todo el planeta, el estancamiento toma características de pandemia. Verdaderos analfabetas cuánticos con pronóstico difícil para una apertura. Un panorama donde el estancamiento mental sale a flote de la manera más burda posible.Con mucha lógica, alguien lo explica: por eso, por su analfabetismo cuántico es que trabajan en esas áreas donde lo inmediato manda la parada, donde no existe tiempo ni disposición para un análisis integral. Es entendible. Inmersos en lo instantáneo, no hay tiempo para una mirada ‘reposada’ donde pueda vislumbrarse lo energético. Aunque generalizar conlleva imprecisiones, podría afirmarse que ciertas profesiones están ‘cerradas’ para una apertura cuántica: la política, la farándula, la banca, los medios de comunicación. El brillo de los focos y la inmediatez que alimentan el ego, taponan el camino para mirar diferente. Pero es la decisión de acuerdo al nivel de conciencia de cada quién. Lo más significativo por destacar, es “de lo que se pierden” cuando el mundo racional y mecanicista es quien manda la parada.

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