¿A sus espaldas?

Noviembre 01, 2016 - 12:00 a.m. Por: Gloria H.

Colombia tuvo un Presidente que argumentó que lo sucedido en su campaña política fue “a sus espaldas” porque nunca se dio cuenta de los hechos delictivos que sucedieron. El entonces Cardenal Rubiano lo ‘remató’ expresando que su descuido fue proporcional a que un elefante entrara a su casa y no se diera cuenta “¿a sus espaldas?” De igual manera, la prohibición de arrojar las cenizas de los difuntos donde ellos o sus familiares escojan, o prohibir guardarlas en cofres o repartirlas entre sus allegados no creo haya sido ‘a las espaldas’ del Papa Francisco. El argentino es muy hábil manejando medios y conectándose con la gente. Porque así como aparenta tener posturas de avanzada (¿maquillaje?) en otras expresa un retroceso que ‘válgame Dios’. Esta, de prohibir manejar las cenizas como el difunto o la familia deseen, es de un absurdo desproporcionado porque va en contravía de la filosofía que enseña la Iglesia sobre la muerte, la vivencia del alma y el manejo del empaque-cuerpo. No es difícil concluir que un tufillo de negocio se pueda esconder detrás de la determinación. ¿Cuánto vale un osario ‘por los siglos de los siglos’? Y lo que me parece mas grave aún, que se chantajee diciendo que quien lo ‘pretenda’ hacer no tendrá derecho a exequias en la Iglesia. ¿Será que san Pedro los devuelve de la puerta del cielo? ¿Será que ese Dios misericordioso ‘les pone conejo’ para frustrarles su trascender? Argumentar que la medida busca reivindicar el respeto por el cuerpo-cenizas es también incoherente. ‘Allí’ en esas cenizas ya no está el espíritu de la persona. Es polvo, nada más que polvo. Su alma, energía, esencia, trasciende, es eterna y no se queda 'pegada' de las cenizas. Definitivamente una contradicción aplastante. Pero no es la única determinación absurda de la Iglesia. ¿Qué tal la de querer dar contentillo a la mujer, ofreciéndole la ‘oportunidad’ de ser diácona? En su viaje a Polonia expresó que convocaría a una reunión para analizar si las mujeres ‘calificaban’ para un diaconado, algo semejante a aspirar a participar en las ‘filas inferiores’ del sacerdocio. Para la Iglesia las mujeres no dan la talla para el sacerdocio, sólo para el diaconado que es como la primaria del la profesión principal. Darán la comunión, impartirán el bautizo y algunas otras funciones supletorias, como contentillo porque ‘todavía’ no están preparadas para el cargo. Suplentes, de la reserva. Para casos de urgencia, no para el puesto de avanzada. ¡Plof! Actitudes así no contribuyen a reparar la discriminación de la Iglesia con la mujer, sino, por el contrario, ahondan las diferencias discriminatorias donde la consideran ciudadana de segunda. ¡Todavía no! Como si debiera transcurrir tiempo (¿2000 años más?) para ‘merecer’ el reconocimiento o la oportunidad de ser igual en derechos y deberes cristianos a los hombres. Por ahora, estudiarán (¿qué?) para ver si califica para el diaconado. No sé por qué hay que analizar si la mujer merece los mismos derechos que el hombre. Período de prueba para luego (¿cuándo?) permitirle ejercer el sacerdocio, para quienes lo quieran, claro. Si es que todavía existen mujeres pensantes que deseen pertenecer a organizaciones tan discriminatorias y descalificadoras. ¡Qué tamaño de desubique eclesiástico!Sigue en Twitter @revolturas

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