A la hija de Vivianne

Mayo 15, 2017 - 11:55 p.m. Por: Gloria H.

Las personas públicas están expuestas a que sus vidas personales queden bajo la lupa social. ¡El precio de la fama! Gloriosos y dolorosos. Pues bien, tú, (¿Gabriela, Sara, cuál?), hija de los pastores cristianos Vivianne Morales y Luis Alfonso Gutiérrez quedaste expuesta a ser auscultada como ninguna otra por la campaña que tu mamá emprendió contra personas como tú. A nombre de Dios. No era su objetivo pero le ‘rebotó’ porque la incoherencia es lo que más golpea la autoestima, la inteligencia y lo cotidiano. Debe ser muy fuerte y desgarrador encontrarse con la realidad de una madre, pastora de una iglesia, que rechaza lo que uno es. ¡A nombre de Dios! De una madre que podría avergonzarse de la hija que engendró. Es un drama doloroso de fuertes implicaciones en la autoestima. ‘Defraudar’ a la madre es uno de los conflictos más angustiantes para un ser humano. Hay que escoger entre complacer o existir. Entre ser una fotocopia o ser un original. Así, el precio se cobre en valores de la autoestima.

Ese rechazo, esa condena pública que se vive en la casa de Vivianne Morales es el que enfrentan miles de hombres y mujeres en sus propios hogares. Hombres y mujeres que no encuentran un lugar en el corazón de sus progenitores. ¡Demoledor! No son los hijos e hijas que sus padres anhelaron y existir es ya una ‘contravía’ para la armonía familiar. Su orientación sexual resulta una bofetada para el medio en que crecieron. Festividades como el Día de la Madre, Navidad o los cumpleaños, se convierten en tragedia donde más de uno o una desearía que esos días no existieran. ¿Cómo dividir el corazón entre su familia y la pareja que han elegido? ¿Cómo escoger con cuál quedarse? ¿A quién se le falla, a la madre o al corazón? No hay que olvidar que lo más demoledor son las contradicciones. La incoherencia de las creencias genera impotencia porque esta cultura se pavonea con el poder de la inteligencia, la lógica de los argumentos, el discurso de la palabra. Pero ante el fanatismo no hay razón que valga. El fanatismo es perverso porque ‘organiza’ las explicaciones con una frescura que raya en el cinismo. En psicología se recomienda no caer en argumentaciones con un perverso porque ¡siempre pierdes! Discutir con un fanático es hablarle al viento y más cuando la justificación se ampara bajo el nombre de Dios. Allí siempre te ganan porque o te engarzas en la pelea, pierdes y te llenas de rabia, o te retiras y ‘respetas’ la elementalidad de tu contradictor. Claro, a nombre de Dios. ¿Y si será cierto que Dios condena las adopciones de niños por parte de solteros, viudos o parejas del mismo sexo? ¿Si será cierto que para Dios sólo existe un modelo de familia?

Esta semana estará en Cali el pastor John C. Maxwell, una eminencia en el tema de liderazgo. Dará su conferencia el viernes y es la ocasión propicia para preguntarle a él, como líder de una iglesia fuera de Colombia, cuál es el peso de las creencias frente a los temas del mundo moderno. Si este Dios de Vivianne y Lucio, es el mismo Dios de sus creencias y de su Iglesia. Preguntarle a Maxwell cómo se ejerce el liderazgo desde la pluralidad ideológica. Cuál es su concepto en temas como de la diversidad sexual, respondiendo desde su posición de Pastor y de líder. Que bueno oírlo con un discurso refrescante y equilibrado.

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