Vivir bien

Octubre 28, 2013 - 12:00 a.m. Por: Germán Patiño

Se supone que las columnas de opinión son breves textos en prosa en los que se tratan temas de actualidad. Y allí comienzan los problemas: ¿qué es un tema de actualidad?La respuesta sencilla es “todo aquello que llame la atención de la opinión pública”. Pero sabemos que se trata, en realidad, de todo aquello que les llama la atención a los medios de comunicación, respondiendo a múltiples intereses. Algunos frívolos, “la noticia no es que un perro muerda a un hombre, sino que un hombre muerda a un perro”. Otros interesados.La actualidad no es la realidad, sino lo más reciente, cribado por la interpretación del periodismo. Los comentaristas de temas de actualidad no tienen que salir de su casa, se alimentan de la información parcial y poco rigurosa de los medios. Vean el caso de Raúl Cuero: los medios inflaron sus logros en forma superlativa, hasta que un profesor, al indagar por ellos, se dio cuenta de que no eran tantos. En realidad, los logros comprobados de Cuero son impresionantes y le merecen el aprecio y la admiración ciudadanas, pero se le hizo un mal al presentarlos luego de pasar por el cedazo del periodismo.Por eso, a veces, me desvío del propósito de mi columna, y evito los temas de actualidad, en los que siempre sospecho trampas.Y por eso mismo digo: para vivir bien se necesitan muchas cosas, pero sobre todo dos, comer bien y dormir bien. Ambas difíciles de obtener en la sociedad contemporánea, no sólo la nuestra, sino en todas. Me detendré en la primera, de la que entiendo, y espero que algún experto de pronto nos ilustre sobre la segunda.Diré que hoy, con el 80% de los seres humanos viviendo en las ciudades y apenas el 20% en el campo, cada vez es más difícil comer bien, sin importar el nivel de fortuna que se tenga. De hecho, un importante crítico culinario catalán ha escrito que “nunca antes los ricos habían tenido mayores posibilidades de comer mal que en la actualidad”. El hecho lo ha documentado, hasta el cansancio, Eric Schlosser en su libro Fast Food nation, revelando lo mal que se come en Estados Unidos, en todos los sectores sociales. Ese libro habría que traducirlo y enseñarlo en universidades y colegios.Hay varios ejemplos notables: hace poco el chef británico James Olivier, venció a la multinacional MacDonalds en juicio, al demostrar que sus nuggets de pollo son una porquería incomible. Y son los que se ofrecen a los niños en sus ‘cajitas felices’. Y hace poco The New York Times informaba que, como medida general, al fabricar “la mejor selección de hamburguesas de ternera Angus del chef americano”, Cargill, un gigante mayor que MacDonalds, mezclaba “recortes de matadero y un producto pastoso derivado de sobras de carnicería” que provenían de “Nebraska, Texas y Uruguay, y de una empresa de Dakota del Sur que procesa los recortes grasos y los trata con amoníaco para eliminar las bacterias”.Eso en estados Unidos, que es un país fanático de la salubridad. ¿Cómo será entre nosotros? No quiero ni imaginarlo. Por eso, y por otras razones que me faltaron, creo que para comer bien hay que hacerlo en casa. No sólo resulta más barato, sino que podemos saber qué comemos y cómo está preparado.Hay que volver a los almuerzos del domingo en familia y a las invitaciones a los amigos para comer en casa. Será más grato, más sabroso y más económico. Y correremos menos riesgo de envenenarnos.

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