Viejas mañas

Viejas mañas

Marzo 03, 2014 - 12:00 a.m. Por: Germán Patiño

De acuerdo con el Ministro de Defensa, “los últimos 23 días han sido una pesadilla”. Yo le diría que la pesadilla es vieja y nuca ha sido combatida.Recuerdo un caso reciente, el de Ferrostaal, cuando el Ministro de Defensa era el actual Presidente: la Fiscalía alemana allanó dos sedes de Ferrostaal y fueron arrestados dos altos ejecutivos, incluyendo a Klauus Lesker miembro de la junta directiva, acusados de pagar sobornos en varios países, entre los que está Colombia. Según la revista alemana Der Spiegel, Ferrostaal recibió comisión y repartió sobornos entre funcionarios colombianos. Según la publicación, estos sobornos se pagaron a “tomadores de decisiones” en las Fuerzas Armadas. ¿Quiénes fueron? ¿Dónde están?También recuerdo que José Roberto Arango, secretario privado de Álvaro Uribe, debió renunciar a su cargo cuando se descubrió que la empresa de su familia había firmado contratos para entregar suministros a las Fuerzas Militares. Y que un vicefiscal de la época estuvo comprometido en contratos de suministro de carne al Ejército.Así, la corrupción en las Fuerzas Militares es bien conocida en los altos niveles del gobierno y ha sido consuetudinaria. El capitán de corbeta (r) Marceliano Corrales Larrarte denunció que la historia de irregularidades en la contratación del Estado con Ferrostaal, por lo menos la que él tiene documentada, se inició a partir de los contratos que en mayo de 1980 y agosto de 1982 firmó el presidente Julio César Turbay Ayala con Ferrostaal y la Howaldts Werke Deutshe Werft Aktiengesellschaft Hamburg Und (HDM) para adquirir cuatro corbetas lanzamisiles y dos helicópteros navales por 444 millones de marcos alemanes, dentro del llamado Plan Neptuno. La experiencia internacional confirma esta impresión: Joe Roeber, un funcionario de Transparencia Internacional, concluyó que hasta un 40% de la corrupción en el comercio mundial se da en el comercio de armas. No es una anomalía de la industria del armamento, sino que forma parte de la forma como está estructurada. En algunos casos los negocios de armas se dan precisamente por la corrupción, porque alimenta otras actividades o favorece a ciertas personas. Es muy importante entender este tema desde un punto de vista sistémico. No es una aberración desafortunada, no es que a veces haya corrupción en estos contratos, “todavía no he encontrado un solo negocio de armamento en el que no haya algún grado de ilegalidad”, afirmó.Hay que entender este drama: no se trata de unas cuantas “manzanas podridas” que deshonran a las Fuerzas Armadas. De hecho, en Colombia fue nada menos que el propio comandante de las Fuerzas Militares al que se le escuchó recomendar acciones corruptas para que sus subordinados se defendieran de la Justicia. Todo este feo asunto comienza en las academias de cadetes. Allá se los adoctrina en la idea de que la sociedad se divide entre militares y civiles. Los militares son disciplinados, honorables, sacrificados, organizados y limpios. Los civiles, el resto del mundo, lo contrario. La inferioridad del civil es la guía del comportamiento militar.Así, los “falsos positivos” no son de extrañar y tampoco el robo a los recursos que los civiles tributan. “Civil” es incluso un insulto cuando un superior quiere ofender al subalterno. Todo esto es viejo y requiere de una cirugía mayor.

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