Una semana encantada

Junio 10, 2013 - 12:00 a.m. Por: Germán Patiño

Creo que Gloria Castro logró su objetivo: llevar a cien mil espectadores, por lo menos, a conocer y apreciar el ballet, de la mano de un notable grupo de compañías internacionales.La inauguración tuvo momentos de extrema belleza, comenzando por el lleno de los tendidos, el enorme despliegue de talento de los jóvenes de Incolballet para seguir a la poderosa música de Beethoven, y la muestra exquisita de las coreografías de las compañías de Magdeburgo y República Dominicana. Incluso la naturaleza se puso al lado del espectáculo al evitar la lluvia y dejar ver un cielo seminublado en el que se podía percibir el titilar de algunas estrellas. Me pareció relevante que el Alcalde le agradeciera a Gloria Castro por la realización de este gran festival.Con razón los coreógrafos extranjeros estaban impresionados. No es común, ni aquí, ni en ninguna parte, ver a una Plaza de Toros colmada, disfrutando y aplaudiendo a bailarines de formación académica, y menos a tanta gente muy joven, que no resulta tan habitual entre el público de les espectáculos de ballet. Se ha tenido la idea de que el ballet es un espectáculo escénico para iniciados, que no puede ser apreciado por todo el mundo y que está condenado a la contemplación de minorías semiaristocráticas.Pues bien, el Festival Internacional de Ballet demostró que no es así, y que en Cali, gente de todas las edades y de diferentes condiciones sociales disfrutan y se emocionan con las fascinantes coreografías de la danza clásica. Es más, creo que la mayoría del público, por lo que pude apreciar, fue de origen popular, y que los artistas agradecieron sus aplausos y sus vivas, así se expresaran en instantes en que no es habitual para ellos escucharlos.Claro, esta presencia masiva y popular tiene mucho que ver con la propia Incolballet, la institución organizadora del evento. Pues exactamente eso es esta institución educativa y artística a la vez. Posee una escuela pública, en la que se reciben niños y niñas de estratos 1 y 2, que desde muy pequeños se inician en el exigente y absorbente mundo de la danza académica, para pasar luego a continuar sus estudios en un bachillerato artístico donde inician su preparación como bailarines profesionales. Varios de estos jóvenes bailarines hoy son primeras figuras en algunas de las más renombradas compañías del ballet del mundo.En realidad no hay instituciones culturales como esta en Colombia, si exceptuamos al Teatro Libre de Bogotá, que apenas se le aproxima. En Incolballet no solo se danza, al más alto nivel, sino que también se educa a niños de las familias pobres de nuestra sociedad, y al mismo tiempo se forma, tanto una camada de nuevos bailarines profesionales, como un núcleo importante de público capaz de apreciar la belleza de esta manifestación artística.El Teatro Libre, que tiene una idea similar, no se ocupa más que de la educación universitaria y lo hace en convenio con una universidad privada. Hay mucha distancia entre una y otra institución. Tal vez a Incolballet solo le falte abrir el nivel preescolar, pero para eso requiere de recursos frescos, con los que hoy no cuenta. Quizá Comfandi, cuyo director es sensible al arte y la cultura, pueda pensar en una iniciativa al respecto.De este VII Festival Internacional de ballet sólo hay que lamentar que ya se acabó.

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