Un paso atrás

Un paso atrás

Agosto 02, 2010 - 12:00 a.m. Por: Germán Patiño

Los entusiasmos se acaban pronto. Yo lo estaba con los primeros ministros nombrados por Juan Manuel Santos, así persistan las dudas en torno al conflicto de intereses de la señora Bessudo.Pero con el nombramiento de María Fernanda Campos en Educación, la decepción fue mayúscula. Me parecía, y me sigue pareciendo, que este es uno de los ministerios estratégicos del país, del que depende en buena parte nuestro futuro como sociedad democrática. De hecho, había escrito, al saludar los primeros nombramientos, que esperaría, con cierta expectativa, los que sucedería en Educación, Justicia y Cultura.Porque esos tres ministerios gobiernan áreas especializadas, en las que no se puede improvisar, y que resultan de hondo impacto en la vida de la ciudadanía. Educación es tal vez el más complejo de ellos, el más difícil de gobernar bien, y además toca de cerca la existencia cotidiana de millones de personas en el país. Una persona sin conocimientos especializados en el ramo y de contera sin ninguna trayectoria en él, es el peor nombramiento posible.En esto, ni Uribe que se equivocó tanto, cometió esa clase de error. De María Cecilia Vélez podrán criticarse muchas cosas, como su indiferencia frente a la calidad de la educación y su débil actitud frente a la educación pública, pero no se puede negar que tenía la autoridad de quien conoce el sector en el que se ha de desempeñar. Y aquí una observación que no me parece menor: demuestra ausencia de ética profesional aquella persona que acepta un cargo para el que no tiene las competencias. El país no puede esperar un año a que la novata señora Campos medio comience a enterarse del intrincado conjunto de leyes y reglamentos que rigen el mundo educativo colombiano.Ella es una mujer del mundo de los negocios, en particular el comercio, por lo que ha desarrollado unas competencias que son casi las opuestas a las que se necesitan para resolver los graves problemas educativos colombianos. Y en su primera declaración al respecto metió las patas, como no podía ser menos.Afirmó que en Colombia no existían ya problemas de cobertura y que ella se dedicaría a eliminar la brecha entre educación pública y privada en el nivel medio. También sugirió que su tarea principal se encontraba en el mejoramiento de localidad.Ambas cosas le resultaron mal, porque existe un grave problema de cobertura en el nivel de la educación inicial, que no llega sino al 30%, y está restringida tan sólo al sector más pudiente de la sociedad. Si algo refleja la desigualdad del país es el abandono de los niños y niñas pobres por parte del Estado colombiano. Lo que, además, es inconstitucional, pues se supone que los “derechos de la infancia prevalecen sobre los demás”, de acuerdo con la Constitución vigente.Y, desde luego, esta negativa del grave problema de cobertura en la educación inicial, indica que la señora no tiene ni idea de lo que hay que hacer para mejorar localidad de la educación en Colombia. Ya lo dijeron los estudiantes de la Unam de México en un grafitti: “El problema de la Unam está en el kínder”.El vicepresidente Garzón, que tiene la muletilla de “los niños y las niñas” en sus discursos, debiera hacer algo para pasar del dicho al hecho: explicarle a su paisana que la gran deuda social del país se concentra en la oferta de buena educación inicial, de carácter público, para los niños y las niñas de Colombia. A ver si no comienza tan mal, como ya lo hizo. Qué vaina.

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