Un crimen

Agosto 04, 2014 - 12:00 a.m. Por: Germán Patiño

De acuerdo con El País, Gloria Castro, directora de Incolballet, asegura que “la Asamblea Departamental aprobó para Incolballet $2.400 millones y semestralmente el gobierno debía entregar $1.113 millones en el primer semestre y otra cantidad similar en el segundo semestre. Y hasta ahora no han entregado ni un solo peso. Culminamos este primer semestre amparados por un bono que terminó el 30 de junio. Hemos tenido la paciencia de esperar, pero ya el martes no había plata”. Cuando sabemos que Incolballet , por sus méritos y por los procesos que desarrolla, es la más importante institución cultural y artística del país, y una de las que le da buen nombre internacional a Colombia, el mensaje que reciben los ciudadanos no podría ser más desesperanzador. Aquí no cuentan los méritos, ni la alta calidad, ni la inteligencia. Tampoco el sentido social y solidario de instituciones modelo. Lo único que vale es el tráfico de influencias y la medianía con capacidad para hacer relaciones públicas.Por sus logros, Incolballet debiera ser una institución privilegiada del Estado colombiano, pero vive en medio de una situación mendicante y es maltratada con frecuencia. Ni siquiera el hecho de que algunos de sus egresados, jóvenes de origen pobre, se hayan convertido en figuras de las mejores compañías de ballet del mundo, conmueve a los funcionarios públicos.Esta situación la conocemos los miembros de la Junta Directiva de Incolballet desde comienzos del mes de julio, donde se acordó hacer una reunión de emergencia con la nueva secretaria de hacienda del departamento. Pero a la señora no parece importarle mayor cosa el asunto. Tampoco que el gobernador haya afirmado en público que “bajo su administración no se cerrará ningún instituto descentralizado”. ¿Quién manda en el Valle? ¿Qué valor tienen los compromisos del gobernador?Pero hay más. Incolballet realiza anualmente el Festival Internacional de Ballet, que en este año contó con la presencia de bailarines de 13 países del mundo, y el apoyo del estado a todo nivel fue pobre, mientras que eventos pomposamente llamados “mundiales”, tienen las puertas abiertas para ingresar de manera franca a las arcas del estado, aunque la presencia internacional sea escasa o poco significativa, y su relación con los procesos educativos y de formación de públicos no le llegue ni a los tobillos de lo que hace Incolballet.Estos atropellos y discriminación contra Incolballet debieran ser considerados como crímenes contra la cultura, que es lo más valioso que tenemos. Y los funcionarios públicos, lo mismo que los dirigentes del sector privado responsables de ellos, por acción u omisión, tendrán que ser recordados por sus nombres en las páginas de la historia universal de la infamia.Hay que pensar, no sólo en garantizar los recursos mínimos para que Incolballet pueda cumplir con su función, sino en cómo hacer para que se incrementen los recursos para que lo pueda realizar con holgura y con la mejor calidad mundial.Por ejemplo, necesitamos conocer los términos de referencia para la realización de la Bienal de Danza en el 2015, pues Incolballet es la entidad con mayores méritos y más experta para operarla, garantizando el impacto social e internacional que debe tener.Hay crímenes de sangre y hay crímenes de conciencia. En ocasiones son más infames los segundos. Esta es una de ellas.

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