Soledad del Curay

Soledad del Curay

Agosto 18, 2014 - 12:00 a.m. Por: Germán Patiño

Carlina Toledo se pregunta en su columna si alguna vez llegarán los programas educativos del nuevo gobierno Santos al corregimiento Bocas de Curay, en la ensenada de Tumaco.Ella se refiere a una promesa según la cual “se dará atención a toda la primera infancia” y otras cosas más.La respuesta, clara y precisa es un contundente “no”. Ni los niños, ni los jóvenes, ni menos los mayores verán este tipo de programas a lo largo de los poblados que viven en las orillas del río Curay. He estado por esos pagos, tengo amigos que se dedican a la pesca y sé cómo viven. Puedo decir que su existencia es colonial, es decir, que todavía se encuentran como hace unos 200 años.Para el profesor de Harvard James A. Robinson, citado por Carlina en su muy buena columna, Bocas de Curay “no tiene acueducto ni alcantarillado. Existe un centro de salud, pero estaba cerrado cuando estuve allí, la gente decía que quienes lo manejan viven en Tumaco, y son nombramientos políticos, por eso rara vez se aparecen. Existe un generador de energía eléctrica y dicen que al parecer fue proveído por una senadora, pero solamente funciona entre cuatro y cinco horas al día porque del combustible que deberían obtener del gobierno sólo les llega una parte. La vereda está a merced del mar. Hace siete años, las mareas altas comenzaron a llevarse el pueblo, las casas y la Iglesia, y en 2010 una marejada destruyó la escuela primaria, que no ha sido reemplazada”.Debo agregar que la gente del río Curay es buenísima y que ya ni raja de los gobiernos porque les parece que es perder el tiempo. Viven con su esfuerzo, improvisan soluciones y, en realidad, nunca han sabido lo que es un gobierno y, peor aún, ni siquiera les interesa. Otro ejemplo, allá se encuentra uno de los más grandes y ricos bancos de pesca de camarón y langostinos que hay en el país. He visto y comido algunos de los camarones tigres más grandes y sápidos del mundo, al igual que sus langostinos. Bastaría que algún gobierno, cualquiera, nacional, departamental o municipal, instalara un cuarto frío, para que los pescadores de Curay abastecieran de esos maravillosos mariscos a los mejores restaurantes de Colombia.Pero no hay energía eléctrica. Pese a que los programas de electrificación rural se iniciaron en Colombia en 1928, al río Curay todavía no han llegado. Claro, los “nuevos programas educativos” tampoco llegarán, pues no se puede estudiar después de las 6 p.m., ni conectarse a la televisión educativa, menos a internet. Gina Parody, que debiera tener sensibilidad hacia estos pobladores de un rincón perdido de Colombia, por tener ancestros en el Pacífico, deberá comenzar por llevar electricidad a las veredas del río Curay. En realidad, debiera darse una vueltica por allá, para que vea de lo que se trata. Creo que se lo agradecerán con alborozo, y si tiene suerte alguien le preparará los mejores langostinos que haya probado en su vida.Después entenderá la enormidad de la tarea que le espera, si es que de veras se pretende reformar la educación en Colombia, pues como este corregimiento debe haber miles en Colombia.Por ahora mi amigo ‘Tití’, pescador del Curay profundo -vive en la vereda Soledad del Curay-, no deberá creer mayor cosa de los programas del nuevo gobierno, cuando vaya a Tumaco a malvender su maravillosa pesca.

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