Sin salida

Sin salida

Septiembre 02, 2013 - 12:00 a.m. Por: Germán Patiño

Mientras más se estudia y se escucha sobre el paro agrario, menos parece encontrarse una solución a los problemas que aquejan a los campesinos colombianos.Y hay que someterse a leer a personalidades que son responsables de los graves problemas del sector que, sin el menor sentido autocrítico, hoy pontifican sobre lo que debe hacerse. La principal desfachatez se la debemos a la señora del expresidente Gaviria, quien escribió: “…la falla en la política agraria no es solo de este Gobierno si no de muchos gobiernos atrás. Cuando se negoció el TLC con Estados Unidos, nadie vio el tema de las semillas y, la verdad, no queremos semillas transgénicas cuando nosotros producimos orgánicas”.Parte verdad, parte embuste. “Muchos gobiernos atrás”, se remonta al período de su esposo, que profundizó esa tragedia nacional que se denominó “apertura económica”. En esencia, no sólo desindustrializó al país, como en su momento lo previó Fedesarrollo, sino que acabó con la producción agraria nacional. Recuerdo que por aquellas calendas en el norte del Cauca y sur del Valle existían 40 mil hectáreas sembradas de arroz, y hoy apenas se cuentan 4 mil, siendo optimistas.¿Cómo así que “nadie vio el tema de las semillas”? Todo el mundo lo vio, al menos en el sector académico y fue uno de los asuntos más controvertidos en las negociaciones del TLC con Estados Unidos, cuando se abordó el capítulo de las patentes y el uso del patrimonio genético de la nación. Podría compilarse un libro sobre los diferentes estudios que advirtieron sobre los riesgos para el país si se cedía a las pretensiones norteamericanas. Pero nada importó porque habría “perdedores y ganadores”. Sólo que en esta materia los perdedores seríamos todos los colombianos.También sorprende escuchar a Álvaro Uribe apoyando el paro de los campesinos y responsabilizando al gobierno por “la mala administración del TLC”. También le adjudica responsabilidad por el alto costo de los insumos agrícolas, el contrabando y la ausencia de vías terciarias en buen estado. Claro, olvida que todos estos problemas, que son reales y forman parte de las demandas campesinas, vienen de su administración. A Santos es lo podría criticar, mas bien, porque en estas materias no corrigió el rumbo uribista.Detrás de todos los alegatos, se encuentra una realidad que no ha querido afrontarse. La libertad comercial no existe en el mundo. En especial en el mundo agropecuario, pues no existe igualdad de condiciones entre los productores. Los campesinos de la regiones tropicales deben producir con una inversión importante en fertilizantes y plaguicidas, superior a la que realizan los productores de regiones templadas. Y, de contera, los países desarrollados subsidian a sus empresarios rurales con cifras inalcanzables para cualquier nación en vías de desarrollo, estableciendo una competencia desleal en la que los países pobres siempre saldrán perdedores. Esa es una verdad incontrastable.Más claro lo tiene el presidente de la Sac, Rafael Mejía, que acepta la responsabilidad de los TLC en la crisis del agro, aclarando que sus efectos actuales son menores porque apenas llevan un año de vigencia.En resumen, no hay salida, porque algunos subsidios sólo serán “paños de aguas tibias” y con seguridad estas protestas campesinas, justas y valerosas, volverán, cada vez con mayor fuerza.

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