Selección y Marne F.C.

Marzo 25, 2013 - 12:00 a.m. Por: Germán Patiño

Como todos, me encuentro entusiasmado con la selección colombiana de fútbol. Va muy bien y tiende a mejorar.Pero, sobre todo, me entusiasma el director técnico del equipo, que luego del contundente triunfo en Barranquilla, en medio de la euforia colectiva y el tropicalismo desbordado, declaró que “todavía nos falta mucho”. Ante estas palabras, muchos comentaristas histéricos tuvieron que comenzar a tragarse los ditirambos que estaban ensayando en estridentes peroratas radiales y los panegíricos escritos en los medios.Claro, se recordó lo sucedido hace algunos años, cuando Colombia derrotó 5 a 0 a Argentina, con buen fútbol y bastante suerte. Entonces no hubo mesura ni sentido de la realidad. Y al técnico de entonces se le ocurrió afirmar que había pensado que al equipo que Colombia cogiera mal parado lo iba a llenar de goles. Sin contención, el entusiasmo se agigantó, los jugadores se dedicaron a la celebración junto a los aficionados y todo el mundo comenzó a levitar en un aire de gloria irreal.Entonces la vida, que “es lucha”, según San Agustín, se cobró caro toda aquella chicanería, nos hizo aterrizar con estrepitud y hasta la existencia de un jugador se llevó. Debiéramos tener clara aquella lección, pero parece que se nos olvidó. Por fortuna, el director técnico no ha olvidado nada y tiene el valor de colocarse en contravía cuando declara que “todavía falta”. A muchos no les gusta, pero esa es la simple verdad.Parte del problema no son los jugadores, ni los técnicos, pero sí los periodistas deportivos lo mismo que los dirigentes del deporte. Los del fútbol, por ejemplo, a pesar de que hablan tanto que hasta se meten en lo que no deben, como decirles a los técnicos con qué jugadores deben armar sus equipos, sin embargo nunca han hecho un esfuerzo serio para comprender a fondo aquella actividad que analizan o comentan, y de la cual, mal que bien, viven. Por ejemplo, no conocen la historia de la disciplina deportiva sobre la cual escriben o hablan -es un decir, más bien braman, gritan y farfullan-. Y no me refiero a la historia universal de ese deporte -de la que debieran tener una buena idea- sino a la más delimitada de la nación y la comarca en la que viven.Pero no, toda su sabiduría se restringe a recuerdos inconexos de viejas alineaciones o a recitar textos que son, a su vez, otros recuerdos mal hilados de viejos aficionados, que tampoco están sustentados en informaciones contrastables o en fuentes rigurosas. Repiten viejas monsergas sobre el deporte del que viven, no jugándolo, sino comentándolo. Pero ni siquiera esto, que es absolutamente menor, lo hacen bien.No saben, por ejemplo, cuándo y dónde se jugó el primer partido de fútbol que recibió atención pública en el Valle. Ni qué se dijo de él. Si hubieran estudiado algo, habrían leído con detalle el periódico ‘Correo del Cauca’ de comienzos del Siglo XX, y allí, tal vez en 1904 habrían encontrado la noticia de un partido de fútbol que se jugó en Buenaventura entre un equipo de marineros ingleses y otro de porteños llamado ‘Marne Football Club’. Ganaron los bonaverenses del Marne por 4 a 1.Algún día, ojalá no lejano, cuando periodistas deportivos y dirigentes del fútbol hayan estudiado el deporte alrededor del cual medran, se podrá decir que están al nivel de quienes lo practican. Entonces el fútbol colombiano será mejor.

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