Reviviendo granada

Diciembre 08, 2014 - 12:00 a.m. Por: Germán Patiño

Uno de los barrios tradicionales de Cali, poseedor de restos de una arquitectura que recuerda cuando Cali era, de veras, una “ciudad bonita”, no sólo perdió la belleza de muchas de sus ‘quintas’, sino también su vocación residencial, para convertirse en un antro dominado por el lumpen urbano hasta hace poco tiempo. Me refiero a Granada, que logró salir de la postración gracias al empeño de jóvenes restauradores -hombres y mujeres, pero más las mujeres- que lo convirtieron en una de las grandes zonas culinarias de la ciudad, un sitio seguro de entretenimiento y placer gustativo, que fue la envidia de varias grandes ciudades del país. Granada se convirtió en sinónimo de buen gusto y diversión familiar.Pero luego de tanto esfuerzo y persistencia, cayó en manos del afán, tan vallecaucano, de hacer obras públicas que nunca se terminan a tiempo y, a veces, jamás se terminan. Siempre da la impresión de que lo importante no son las obras en sí, sino la adjudicación de los contratos. Las empresarias y empresarios de Granada sufrieron un largo viacrucis por las demoras y por las ejecuciones chambonas, hasta el punto de que varios debieron emigrar hacia otras zonas de la ciudad, en especial aquellas que no están amenazadas por alguna “renovación” a cargo del Estado. La mayoría se quedaron y vieron bajar sus ventas hasta en un 80%.Es un milagro que persistieran y ahora debemos agradecerle por su paciencia y sacrificio. Han vuelto a recuperar el barrio para el buen gusto. Y dieron fe de ello con el evento Mesa Larga, organizado por Claudia Ruiz, Martha Jaramillo, Fernando Trejos, Clara Serna y Malaky Ghattas, contando con el apoyo de Acodrés y la Secretaría de Cultura y Turismo de Cali, y la colaboración de varios restaurantes de la ciudad.Fue una noche dedicada al Pacífico, en la que se presentaron algunos platos que vale la pena mencionar: un sorprendente ‘encocao’ de cordero sobre cama de cuscús que vale la pena adoptar como un ejemplo de innovación culinaria (innovación de verdad y no sólo formal), un gustoso arroz atollao de mariscos que hizo homenaje a la tradición, un atún fresco en su punto justo de cocción, y una maravillosa versión en leche de coco de la sopa chocoana de queso, que debe ser una de las sopas más reconfortantes y sápidas que tenemos. Entre otras preparaciones más, que no alcancé a probar.Esa noche fue como el toque de un clarín, que anuncia el comienzo de la fiesta. Nos dice que Granada está de nuevo en pie y que pronto volverá por sus fueros de principal centro culinario de Cali.Debiéramos aprovechar este diciembre para entregar una muestra ciudadana de aprecio a las empresarias y empresarios de Granada. Para decirles que valoramos sus esfuerzos y sacrificios. Y para sentirnos orgullosos de la buena cocina que ejecutan.P.D. Así como me gusta Granada, San Antonio, El Peñón, La Flora, Santa Mónica, ciertas áreas de Versalles, Miraflores, algo de San Fernando, los barrios del Oeste y algunos rincones del centro, aborrezco El Ingenio, La Hacienda, Ciudad Jardín y las urbanizaciones de Pance, que son eriales para la cultura, hostiles con el ciudadano de a pie, donde da miedo transitar de noche. Los barrios del Oriente no los puedo aborrecer, porque los pobres no son responsables de que los hayan segregado en los pantanos de la ciudad.

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