Retrasos y perjuicios

Retrasos y perjuicios

Noviembre 21, 2011 - 12:00 a.m. Por: Germán Patiño

No hace mucho, el anuncio de la construcción de obras por parte del Estado era recibido con beneplácito, pues su ejecución significaba mejoramiento de las condiciones en los sectores donde ellas se acometían, y tanto propietarios de predios como empresarios podían prever tanto valorización de sus bienes como mejores expectativas para sus negocios.Hoy las cosas han cambiado. El sólo anuncio de la realización de obras causa pánico y la gente del sector donde ellas se ejecutarán comienza a temer lo peor. Así ha sucedido en Cali, en especial en el barrio Granada, tanto con las intervenciones de la alcaldía como con aquellas a cargo de la Gobernación.Pongo un ejemplo: las obras que se desarrollan en la calle 15A norte, entre avenidas 9 y 9A. En esa calle se abrió un cráter de extremo a extremo hace poco más de dos meses, que impide el tránsito de vehículos y peatones, con el compromiso de que la obra se culminaría el próximo 11 de diciembre. Allí hay restaurantes de bien ganado prestigio que, como todos estos negocios, viven del día a día, y la expectativa de más de dos meses sin ingresos los coloca al borde de la ruina. Son ellos Litany, Trilogía, Ringlete y Perú Marino.Durante los últimos meses estos restaurantes han visto disminuir sus ingresos en un 90% y sus propietarios, pese a ello, han sostenido a sus empleados con la expectativa de recuperar algo de las pérdidas con la temporada decembrina. Pero, como todo lo que está mal se puede empeorar, ahora han recibido la noticia, de voz del ingeniero director de la obra, de que los trabajos se detendrán en diciembre, para reiniciarlos en enero, pues la obra presenta retrasos.Con ello estos negocios, claves para el desarrollo cultural de Cali, quedan abocados a la quiebra, mientras el Estado se lava las manos y seguramente algún funcionario, en este caso de la Gobernación, responsabilizará al contratista, como si no existiera interventor, una de cuyas responsabilidades es precisamente la de garantizar que las labores se desarrollen en los tiempos previstos.Pero éste es sólo el caso más escandaloso. Sé de otros negocios del barrio Granada, como el reconocido restaurante Carambolo, que ha visto mermar sus ingresos en un 70%, por efecto del impacto de las obras que desarrolla la Alcaldía. Para no mencionar otros que cerraron sus puertas, con la consiguiente disminución de la oferta y pérdida de empleos.Como lo escribió Ingrid Mora, directora de la revista 'Propiedades & remodelación' El problema real surge cuando las obras son eternas, cuando aparecen los retrasos, cuando el camino queda a media marcha y no lleva a ningún lado, cuando ni el Estado ni el contratista y mucho menos el interventor (a quien se le paga precisamente para ello) se compadecen con los infortunados vecinos de la vía intervenida.Después de meses de prórrogas y dilaciones por parte del contratista, no hay bolsillo de ningún comerciante que aguante la inactividad que genera el caos. Ni tampoco propietario que pueda recuperar en el corto plazo la desbandada de comerciantes, residentes o arrendatarios. Creo que es momento de que todos estos empresarios y propietarios dejen de quejarse en privado y salgan a hacerlo en público, en compañía de sus empleados, acompañando la protesta con demandas por perjuicios, pues de lo contrario no harán mella en la indolencia de la burocracia estatal.

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