Retórica reaccionaria

Retórica reaccionaria

Mayo 07, 2012 - 12:00 a.m. Por: Germán Patiño

Apenas se anunció que el gobierno iniciaría un programa de vivienda gratuita para los más pobres de la sociedad colombiana, de inmediato se pronunciaron los portavoces de ideas que se oponen al cambio y al reformismo social. El asunto es viejo y se reitera cada vez que un cambio asoma. ¿Cómo puede alguien criticar que el gobierno les entregue vivienda gratuita a las familias que viven en la pobreza extrema? Ayer Luis Guillermo Restrepo nos entregó el dramático cuadro de una familia que vive en esas condiciones en Montería. ¿Es malo que el gobierno alivie en algo esa desesperante situación entregándoles un techo para guarecerse? Y hacerlo de la única manera posible, en forma gratuita, ya que no cuentan con ninguna posibilidad de ingresos y menos “ahorro programado”.Este tipo de programas asistenciales e innovadores son el blanco favorito del pensamiento neoconservador, como lo recordó un columnista capitalino, al traer a cuento la obra del economista Albert Hirschmann. Éste explicó que existe una retórica reaccionaria, que se opone a todo cambio y a cualquier innovación y que, además, tiene la desvergüenza de hacerlo a nombre del “bien común”.‘Retóricas de la intransigencia’, de Albert O. Hirschman, destaca tres tesis reaccionarias (en el sentido newtoniano: “A toda acción se opone siempre una reacción igual”) para valorar los modelos y argumentos que se contraponen a las propuestas innovadoras. Así, la llamada tesis de la perversidad sostiene que toda acción deliberada para mejorar algún aspecto del orden político, social o económico, sólo sirve para agudizar la situación que se desea remediar; la tesis de la futilidad afirma que los intentos por llevar a cabo reformas sociales serán nulos o de alcance limitado por su fragilidad teórica; finalmente, la tesis del riesgo asegura que el costo político y social de las reformas propuestas es más alto y pone en peligro logros precedentes.Los tres se han utilizado con profusión para combatir la propuesta de las casas gratuitas. Perversidad: se ha dicho que el anuncio arruinará los programas de vivienda subsidiada para estratos que aspiran a viviendas de interés social, pues en adelante nadie pagará por lo que puede ser gratis. Futilidad: 100 mil viviendas gratuitas en un universo de 2 millones de familias necesitadas no hacen diferencia. Riesgo: fortalecerá el clientelismo y creará un hueco fiscal que perjudicará la marcha de la economía colombiana.Estos retóricos, que nada dijeron cuando Uribe les regaló dinero a los más ricos del país (por un valor superior a los del programa de viviendas gratuitas, “orgía de obsequiosidad” la llamó el actual Ministro de Agricultura) para nada se preocupan del beneficio social de la medida, ni de sus efectos económicos. Tampoco atienden a que la medida se fundamenta en el exitoso programa brasileño ‘Mi casa, mi vida’, iniciado por el gobierno de Lula da Silva con el propósito de reactivar la economía y sacar de la pobreza extrema a millones de brasileños.Que ese programa haya sido exitoso y se encuentre en su segunda etapa, nada les dice. Ellos son retóricos fieles a una forma dogmática de pensar y siempre creerán que el cambio es peor que el status quo. Pero en Colombia son peores: a lo anterior le agregan una dosis de perversidad cínica. Para ellos el programa de casas gratuitas sólo se explica porque Santos quiere mejorar en las encuestas. ¿Y eso qué importa?, les diría el que nada tiene. Pero eso es lo que les importa, la pobreza extrema los tiene sin cuidado.La retórica reaccionaria en Colombia es peor porque actúa sobre una realidad dramática, en el tercer país más desigual del mundo, y conlleva una carga de indiferencia social repugnante.

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