Regalo de Navidad

Diciembre 23, 2013 - 12:00 a.m. Por: Germán Patiño

Confieso que llegué a esta columna pensando que no podría hacerla. Por lo general, hacia mediados del año ya he acumulado varias lecturas significativas que me permiten recomendar un libro como regalo de navidad. No fue así este año.Tal vez por pereza, o por falta de tiempo libre, no encontré textos que me atraparan y más bien me entretuve en relecturas cuidadosas de varios libros que atesoro. Entre ellos la recopilación de poemas de Horacio Benavides que le valieron el Premio del Ministerio de Cultura. Y también, de nuevo, ese faro que es El poder político en Colombia de Fernando Guillen. Descubrí un texto en internet, que sería el recomendado, Arana, rey del caucho, del argentino Ovidio Lagos (http://es.scribd.com/doc/61691414/Arana-el-rey-del-caucho-por-Ovidio-Lagos), pero que no podemos adquirir en libro impreso, por lo que omito su compra. Sin embargo, creo que es un libro que todo colombiano debiera leer.Pero el segundo semestre del año me salvó. Supe entonces, gracias a los premios Nobel, de Alice Munro, un ama de casa canadiense que debe de ser uno de los más grandes escritores del siglo XX. Y, en especial, de un libro suyo que para mi tiene la estatura de Cien años de soledad. Me refiero a La vista desde Castle Rock, en el que se cuenta la saga de la familia Laidlaw, que es la misma a la que pertenece la escritora. En realidad ese es su apellido de soltera.No es una novela, sino un libro de cuentos. O, mejor, relatos, como ella misma prefiere llamarlos. En verdad relatos libres, que no se atienen a ninguna regla de género. En ellos la obligación de presentación, nudo y desenlace no existe. Comienzan como terminan, en cualquier parte, con tranquilidad y con delicadeza, omitiendo sorprender al lector, lo que es una muestra de respeto. Ella escribe para lectores con imaginación, a los que no hay que entregarles todo resuelto. De hecho deja una gran cantidad de cabos sueltos.La vista desde Castle Rock consta de 14 textos, dos de los cuales son introducción y epilogo, por lo que estrictamente nos enfrentamos a 12 relatos que abarcan 200 años o más de la vida de diferentes personajes de la familia Laidlaw, desde su partida en barco en el muelle de Edimburgo hasta su llegada al Canadá y su existencia durante los siglos XIX y XX. Cada relato se centra en la presentación de un personaje y las peripecias de su vida cotidiana, desde el viejo Will O`Phaup, un patriarca excéntrico y de rasgos mitológicos, hasta la propia autora, Alice Laidlaw, quien se autodefine como “una chica lista que fue a la universidad”.Leí este libro como quien lee una novela apasionante. No decae nunca y pareciera ir en un crescendo constante, pese a que en realidad sucede muy poca cosa digna de mención. O, al revés, todo lo que la mayoría de los escritores omite por insignificante, aquí se vuelve alma y corazón del relato. Ella rinde homenaje a ese maravilloso verso de Arturo, cuando nos habla de “Los días, que uno tras otro son la vida…”.Sabremos de paisajes formados por glaciares, de viejos cementerios donde se ocultan secretos que no debiéramos conocer, de bebes que se pierden de repente y que asimismo vuelven a aparecer, de la vida sexual de la que nadie quiere hablar, incluida la de la propia autora.El estilo de Alice Munro es llano, simple, directo. Nada de rimbombancia, ni de descreste. Absoluto respeto por el lector. ¡Maravilloso regalo de Navidad!

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