Recordando watergate

Recordando watergate

Mayo 12, 2014 - 12:00 a.m. Por: Germán Patiño

El escándalo de Watergate sucedió en 1972 y culminó con la renuncia de un Presidente de Estados Unidos, por primera vez en la historia de ese país.Se trató de espionaje político e interceptación ilegal de llamadas telefónicas. Formó parte de la estrategia de la campaña de Richard Nixon para favorecer su reelección y consistía en indagar por las estrategias de campaña de su rival, el partido demócrata. La investigación al respecto, realizada por el diario Washington Post duró dos años y contó con la permanente obstrucción de la Casa Blanca.Aquí, en Colombia, sucedió un caso similar, ampliamente documentado, durante el gobierno de Álvaro Uribe llamado “las chuzadas del DAS”. Se trató de interceptación ilegal de comunicaciones a magistrados de la Corte Suprema, a directores de medios de comunicación y periodistas críticos y aún a funcionarios del propio gobierno. El 21 de febrero de 2009, la revista Semana publicó un informe en el que se detallaba cómo funcionarios del DAS continuaban grabando ilegalmente a líderes de oposición, magistrados, periodistas y funcionarios del Estado. Una vez presentadas las pruebas por la Fiscalía, la situación fue calificada de “una empresa criminal dirigida desde la Casa de Nariño” por parte de representantes de la Corte Suprema.Llevamos 5 años, y hasta ahora no hay condenas de culpables de alto nivel. Y la justicia ha sido obstruida, pues la directora del DAS de la época, María del Pilar Hurtado, pidió y recibió asilo en Panamá contando con ayuda de su jefe, el expresidente Álvaro Uribe. Hoy es solicitada por la justicia colombiana, de la que se encuentra fugada. ¿Por qué no da la cara? ¿Por qué Óscar Iván Zuluaga no se compromete a solicitar la extradición de María del Pilar Hurtado si es elegido Presidente?Tengo una respuesta: es un hombre que deja dudas sobre el valor que le atribuye a la ética y a la moral. Cualquier empleado público que proclame que “la Ley es la ética” como lo hizo Zuluaga en el Senado para justificar los negocios de los “hijos del ejecutivo” en el caso de la Zona Franca de Soacha, revela que no le importa ni la ética ni la moral. O, al menos, que tiene una grave confusión al respecto.Y se acaba de revelar con el caso de las interceptaciones ilegales de comunicaciones hechas por un empleado de su campaña contra negociadores del proceso de paz en La Habana, contra funcionarios públicos y contra quién sabe quiénes más. Se trata de un sujeto tenebroso, que envía mensajes por las redes sociales, afirmando que “me gusta el olor a muerte”.Este delincuente está detenido y ha comenzado a hacer revelaciones ante la fiscalía. Digamos que es un ladronzuelo, pero también hay indicios de sobra de que detrás de su labor criminal hay personajes de alto nivel, que en el pasado han sido duchos en este tipo de “guerras sucias”. El caso de las chuzadas del DAS así lo revela.¿Cómo creerle a un candidato cuya campaña contrata a delincuentes que se dedican a espiar a sus rivales y a los negociadores del proceso de paz, que esa campaña combate? Es la vuelta del “todo vale” y el hecho que demuestra que esa campaña no tiene ni a la ética ni a la moral como principios que la sustenten.Aquí no hay calumnias ni rumores, hay hechos comprobados de acciones criminales. Esperemos que esta vez se llegue hasta el final. Como se debe llegar en el caso no concluido del “Dasgate”.

VER COMENTARIOS
Columnistas