Petronio y estadio

Agosto 22, 2011 - 12:00 a.m. Por: Germán Patiño

El carácter fundamental del Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez, su sello distintivo, es el de ser una gran encuentro comunitario.Lo que el Petronio trata de captar es el espíritu del currulao, esa reunión festiva de los pueblos del Pacífico, a la que se convoca con el sonido mágico de la marimba y que es el ritual social por excelencia de las poblaciones afrodescendientes del Litoral; el Petronio no es sólo un concierto, sino un encuentro de la comunidad, en el que suceden muchas cosas, entre ellas la música. Pero también la poesía de tradición oral, los intercambios de experiencias, la cocina tradicional, los rituales de enamoramiento, los relatos de las buenas cosechas o ‘cogiendas’, las proezas de una cacería exitosa, en fin, el intercambio vital de la cultura comunitaria.Por eso el festival no se asemeja a un concierto musical de tradición europea, al que se asiste con recogimiento y es obligatorio guardar un respetuoso silencio para escuchar las virtudes de los intérpretes o apreciar la competencia del director de la orquesta. No, en el Petronio la música no sólo se escucha, sino que, sobre todo, se vive. Hay que bailarla, cantarla, acompañarla, e incluso reemplazar al intérprete, si es que se le nota deficiente o cansado. El Petronio trata de funcionar como un currulao gigante, por lo que resulta tan importante el escenario en el que se desarrolle, lo mismo que las labores de producción del Festival. Lo ideal siempre fue un espacio tipo Teatro al aire libre Los Cristales que, por su estructura permite una especial cercanía entre músicos y audiencia, cierta intimidad entre artistas y público, que resulta tan propia de ese tipo de encuentro comunitario.Pero nadie podía prever que este encuentro anual concitara tanto interés y que muy pronto se volviera el principal encuentro cultural de la ciudad, adquiriendo un carácter multiétnico y atrayendo a las juventudes del país y aún del exterior. Ya no hubo recinto apropiado para acogerlo, e incluso el bello Teatro al aire libre fue afectado por una tutela de ciudadanas que hicieron prevalecer el egoísmo de su intimidad sobre los derechos colectivos de la ciudadanía a la recreación.Así, el Petronio se vio forzado a trasladarse a la Plaza de Toros, otro escenario mágico, y ahora, de nuevo, hacia el estadio Pascual Guerrero. Muchos tememos que en este nuevo escenario se pierda algo de aquella intimidad del currulao y que el festival comience a parecerse más a los grandes conciertos de rock que se realizan en los grandes estadios del mundo. En realidad necesitamos de un espacio especial para eventos de tan singular naturaleza como el Festival Petronio Álvarez, hoy por hoy uno de los grandes atractivos ciudadanos de Cali.Tengo la seguridad de que el público del Petronio, el más alegre, bullicioso, tolerante y pacífico que me haya tocado ver, no hará ningún daño a las nuevas instalaciones del Pascual y dará, como siempre, ejemplo de cultura ciudadana.La gente del Petronio honrará al Pascual Guerrero, lo que no sé es si el Pascual honrará al Festival. La producción tiene una enorme responsabilidad: garantizar el ambiente de libertad propio del currulao y hacer grata la estadía de los asistentes y artistas. Después del 25 de agosto sabremos si la iniciativa funcionó bien. Ojalá así sea, para bien de la ciudad.

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