Petronio 2013

Septiembre 23, 2013 - 12:00 a.m. Por: Germán Patiño

Escribo por la mañana, sin conocer aún los resultados de la gran final. Pero lo hago escuchando aún los sonidos mágicos de la marimba de chonta, la alegría de las chirimías y la belleza de los violines campesinos.En el Petronio siempre he preferido las rondas eliminatorias, que es donde se aprecia toda la variedad del Festival. Y la diferencia de niveles de las diferentes categorías. Como es usual, las categorías tradicionales superan siempre en calidad musical, sentido identitario y fuerza escénica a los formatos libres, que combinan instrumentos electroacústicos con marimbas temperadas y tambores tradicionales.Lo que no quiere decir que unas sean mejores que otras, sino que muestra la dificultad que enfrentan los músicos académicos para interpretar la música tradicional. En particular, para entender que si no se descubre el sentimiento que cada canción trae consigo, el virtuosismo musical de poco o nada sirve. Como decía Bartok, cada canto tradicional es perfecto porque tiene un propósito consciente, que está ligado a la vida comunitaria de donde surge.Y ese sentimiento, de alegría, de dolor, de nostalgia, de goce, o de lo que sea, no se aprende en el aula de clase, sino en el íntimo contacto entre el músico y la comunidad cuya música se desea interpretar. El bellísimo “alabao” que cantó el grupo Tamafrí es el mejor ejemplo de esta relación. Y la verdad, sólo por escuchar aquel lamento desgarrador, valió la pena la realización del Festival.Los músicos académicos y urbanos que desean interpretar la música del Pacífico deben viajar a los poblado situados a orillas de los ríos y empaparse de las costumbres, del rumor del agua, de los sonidos que provienen de la selva y del murmullo del viento cuando pasa por entre las arboledas. En realidad, de allí y de la vida de las comunidades rurales, es de donde surge esa música bellísima que nos cautiva en cada versión del Petronio Álvarez. Y que será una fuente inagotable de creatividad mientras perdure la compleja relación entre los afrodescencdiente, los ríos, el mar y la selva, que caracteriza a ese “Litoral Recóndito” de que hablara Sofonías Yacup. Conocer eso será más importante que afinar bien el instrumento.Ahora bien, el Festival Petronio Álvarez es un fenómeno cultural impresionante. No sólo por su carácter masivo, sino por la demostración de cultura ciudadana. Gente joven de todos los colores se reunen durante varios días, por decenas de miles, ingieren libremente licor, y no se produce un solo incidente. Esta multitud vibra con la música, respeta el festival y se respetan unos a otros. Para el doctor en musicología Guillermo Carbó “es el festival folclórico más grande del mundo”, tanto por el río de gente como por la sana convivencia y la alegría en que transcurre. Es un verdadero patrimonio cultural de Cali.Y en este año, el alcalde Rodrigo Guerrero, la secretaria de Cultura María Elena Quiñonez, y la eficaz Carolina Campo hicieron un Festival con ganas. Bien organizado, manteniendo el nexo cultural con África, respetuoso del público y lleno de variedad. Desde el punto de vista de la producción ha sido imponente e impecable.Bien por todo el equipo humano que lo ha hecho posible y desde ya nos alistamos para la versión del próximo año.

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