Petronio 2012

Agosto 20, 2012 - 12:00 a.m. Por: Germán Patiño

Como ya es usual, escribo esta columna sin conocer los resultados del día decisivo: la final en las distintas categorías.Pero desde ya puedo afirmar que la versión de este año, la número 16, entrega resultados extraordinarios. Primero, el Petronio descubrió el espacio que puede reemplazar al Teatro al Aire libre Los Cristales. Al fin podemos tener un espectáculo que albergue a 100 mil personas como sucede en los grandes conciertos de la superestrellas del rock en Estados Unidos. Los músicos de ese país que nos visitan estaban asombrados de que un festival de folclor pudiera albergar tanta cantidad de audiencia, para ellos se trata de una experiencia única en el mundo. Debemos cuidar el espacio descubierto.Fueron exitosos los eventos zonales para seleccionar a las mejores agrupaciones que llegaron a Cali. Sin duda la calidad musical se incrementó, en casi todas las categorías, aunque aún no logra el nivel deseado en la modalidad libre. Muy rápido el progreso de los conjuntos de violines caucanos, una categoría con un potencial musical casi ilimitado. Esperamos más de las chirimías, aunque en esta ocasión hubo algunas de gran calidad. Los grupos de marimba siguen demostrando que son un tipo de conjunto de percusión folclórica excepcional a nivel continental. Y el público de Cali ya le cogió el golpe a su hipnotizante sonido.Con todo y sus bondades, la noche de gala aún no cuaja. Para mí lo mejor fueron las cantaoras y el grupo africano internacional. Baterimba, mi admirado amigo Carlos Alberto Balanta, enloqueció al público. Pero, debo decírselo con el mayor cariño y respeto, está caminando por una línea divisoria peligrosa: entre la música y el recreacionismo. Él es un extraordinario percusionista, un hombre bueno y un gran entretenedor. Pero debe decidir si dejará primar a la música sobre la recreación. Para bien suyo y del Festival.Hay que rechazar a los intérpretes que se dedican a dirigir al público, como si fueran directores de una sesión de aeróbicos. Aquello de “salte por aquí”, “salta para allá”, “manos a este lado”, “manos al otro lado”, “abajo”, “arriba”, “muevan los pañuelos”, “una bulla”, o la ridícula “histeria”, entre otros ardides de coreógrafo, nada tienen que ver con la música y no le hacen bien al Festival. En el fondo son una muestra de incapacidad musical, pues no logran emocionar al público con el arte que interpretan. Y eso que el público del Petronio es generoso, está predispuesto a la emoción y sólo espera que la música la despierte.‘Son Batá’, que nos demostraron en el 2011 que pueden tocar muy bien los aires musicales del Chocó y hacer sonar bien a la chirimía, en esta ocasión se dejaron contagiar del ‘show’ de Baterimba, y no resultaron con nada. Ni música, ni entretenimiento, y terminaron con una demostración trasnochada y demagógica de ‘Black Power’. Una tontería, que no emociona a nadie, dejando pasar una gran oportunidad.Muy buena la calidad del sonido en el escenario, aunque deficiente el sonido de la transmisión por televisión. Una pena, porque esa es la imagen internacional del Festival.En fin, un gran festival, con un Alcalde comprometido, una gran Secretaria de Cultura, la talentosa y ‘linda porteña’ María Helena Quiñonez, un buen aporte de Mariana Garcés desde el Ministerio de Cultura, y un equipo humano que ha hecho un festival con ganas.Bien por ellos y bueno para Cali.

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