Perro viejo

Junio 21, 2010 - 12:00 a.m. Por: Germán Patiño

Dicen que al “perro viejo no lo capan dos veces”. Falso, me acaba de pasar. Volví a votar por Antanas Mockus.Debo decir que lo hice con una mezcla de resignación, molestia y melancolía. En realidad sentimientos muy similares a los de la primera vuelta, luego de la decepcionante campaña del excéntrico profesor luego de que se colocara como opcionado en la encuestas para derrotar al uribismo. Resignación porque me parece apenas evidente que Santos arrollará en los resultados, sin necesidad de hacer fraude. Y esto significa, en lo esencial, una continuación de todo lo malo del gobierno de Álvaro Uribe, que fue bastante. Y será así porque el mismo Santos lo ha dicho, siendo de lo poco en lo que hay que creerle. Y esto pese a que en el círculo social en que se mueve el delfín de la casa Santos, Uribe es más o menos un rústico peón antioqueño cuyo andamiaje en el Estado hay que desmontar. Es posible que algo así pase, pero no hay que hacerse muchas ilusiones.De hecho, fundar las esperanzas de rectificación en la vetusta oligarquía colombiana es una ilusión que no tiene mayores fundamentos. Primero, porque el rústico caballista paisa les fungió de mayordomo, y segundo porque los vicios peores de la política colombiana son parte inseparable del predominio de las élites de la capital del país desde hace más de un siglo. Si la cosa no fue buena con mayordomo paisa a bordo, menos lo será cuando el dueño se haga cargo del asunto. El mayordomo siempre trabaja más y se relaciona más fácilmente con el personal de servicio.Molestia, porque no está bien ilusionar a los viejos para luego dejarlos tirados en el camino. A cierta edad no es bueno caer en grandes entusiasmos que luego resultan espejismos, porque eso puede llevar a la depresión o al paro cardíaco. Es una enorme irresponsabilidad bosquejar un camino posible atraer a millones de personas por él y luego cometer toda clase de errores para hacer el camino intransitable. El grado máximo de irresponsabilidad es el que afecta a otros, y no el que nos afecta a nosotros. Creo que jamás le perdonaré a Mockus ese estropicio. Mi voto de ahora es simplemente una muestra de gratitud por la ilusión que alcanzó a despertar. Pero no más.Y melancolía por lo que pudo haber sido y no fue. Porque fue incapaz de unir a su alrededor a todo el bloque antiuribista para que lo acompañara en la primera vuelta. Porque no se preparó para ser Presidente. Porque nunca pasó de las declaraciones de principio a las soluciones concretas. Porque jamás entendió que en política las alianzas entre distintos son necesarias y que 2+2 no suman 4, sino que puede sumar 10 –bueno, ese es un mal de los matemáticos–.Y también por tanta gente que le siguió y se sintió mal conducida. Porque en realidad el cielo estuvo al alcance y quien podía tocarlo no se atrevió a hacerlo ni permitió que otros lo hicieran.Pero, sobre todo, por la arrogancia de quien se atreve a erigirse como juez de la moral comunitaria y prefiere despreciar el apoyo de quienes desean ayudarlo, conduciéndose como un aristócrata tonto.Por todo eso creo que este es mi último voto para Antanas Mockus, a cualquier cargo. Dios nos libre de los moralistas bobos.

VER COMENTARIOS
Columnistas