Películas

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Septiembre 15, 2010 - 12:00 a.m. Por: Germán Patiño

Una pregunta corta y quizás banal puede llevar a veces a respuestas potencialmente interesantes y hasta divertidas. ¿Cómo nacieron las series de televisión? La raíz del asunto se remonta a los propios orígenes de la ‘caja mágica’, ese medio que en plenos dolores de parto se las tuvo que ver contra el cine y hasta el teatro.Hablo de la segunda mitad de los años 40 del siglo pasado, cuando grandes empresas de radio, como la BBC en Gran Bretaña y la CBS en Estados Unidos, entre otras, engendraron esa nueva ‘radio con imágenes’, que amenazaba al cine sonoro. Específicamente en Norteamérica, la televisión comenzó en Nueva York, donde los primeros canales transmitieron grandes obras teatrales, en vivo, en principio para el público local y después para todo el país.Al otro extremo del territorio, en Los Ángeles, los cinco grandes estudios cinematográficos miraban con recelo al nuevo electrodoméstico que amenazaba con quitarles el monopolio del entretenimiento audiovisual. Su primera reacción fue de bloqueo: se negaron a venderles películas, incluso las más viejas. La segunda fue tratar de montar canales propios, pero el Gobierno Federal no sólo se negó a que aumentaran su poder sino que les prohibió ser productores y distribuidores simultáneamente. Desde 1948 quedó separado, entonces, el negocio de las salas de cine del de las casas productoras de películas y, por supuesto, del de los canales de televisión, que siguieron formando parte de los poderosos conglomerados radiales.Y quedó también casada la guerra de Broadway, la zona teatral de Nueva York, contra Hollywood, el barrio cinematográfico de Los Ángeles. Pero como la audiencia de televisión crecía vertiginosamente y el movimiento de la gente de las ciudades a los suburbios también contribuyó a que disminuyeran las entradas a las salas, los grandes estudios empezaron a sufrir de capacidad ociosa. Cuando los productores independientes vinieron a alquilarlos para producir telefilmes, y ellos aceptaron, se desencadenó una revolución con repercusiones hasta nuestros días.El punto decisivo fue la producción de ‘El Show de Lucy’, la primera teleserie de éxito mundial, protagonizada por una mediocre actriz triunfadora de la radio, Lucille Ball, y su esposo, Desi Arnaz, quienes se hicieron archimillonarios con los 179 capítulos de media hora que filmaron en película de 35 milímetros en los estudios de la RKO, una de las grandes compañías cinematográficas de la época.Otro éxito resonante de comienzos de los 50 fue Disneylandia, que estuvo al aire por 54 años y marcó el punto de quiebre después del cual los estudios cinematográficos californianos no sólo perdieron la vergüenza de hacer televisión sino que se tomaron por completo la franja de mayor audiencia.El declive de las teleseries comenzó con el surgimiento del videotape, a mediados de los 60, que permite grabar imágenes en cinta magnética y no en película de revelado, aunque la falta de nitidez y los intereses de las grandes empresas cinematográficas impusieron el uso de película hasta la década del 90.La historia de los telefilmes será quizá una curiosidad para unos cuantos investigadores y estudiosos dentro de algunos años, cuando la grabación digital de alta definición se haya tomado por completo no solamente la producción de televisión sino la de las obras para la pantalla grande. Mientras eso sucede, bueno es contarlo a las nuevas generaciones.

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