Patrimonios

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Junio 04, 2012 - 12:00 a.m. Por: Germán Patiño

Benjamín Barney tiene toda la razón cuando afirma que la casa del barrio El Peñón, que se ha dado en llamar la Casa de Isaacs, ni fue de Isaacs, ni tiene nada que ver con la familia del escritor, más allá del lote donde se asienta.Esa casa, que hoy existe medio deteriorada fue construida por el señor Luis Toro, en el sitio donde se encontraba una casa de bahareque de la hacienda el Peñón, que sí perteneció a la familia Isaacs y en la que presumiblemente se escribió la parte final de María. Pero la vieja casa de la hacienda fue demolida en 1938, y de su recuerdo sólo nos queda una que otra fotografía.El diario El Tiempo resumió bien esta asunto hace algún tiempo, al decir que en 1938 la firma Borrero & Ospina construyó en ladrillo la Quinta del Peñón al estilo californiano, en el sitio donde estaba la casa de bahareque, por encargo del comerciante Luis Toro. Al terminar la década del 40, Luis Toro la vendió a Eduardo Ochoa, un próspero comerciante, padre de Lalo Ochoa y de Wallis Ochoa, esposa del ganadero Abraham Domínguez Vázquez. La casa se mantuvo como un símbolo de desarrollo y auge desde los años 30 hasta 1950. Después del 60, hasta los 80, quedó en manos de la hija, Wallis, y de Domínguez Vázquez. Muchas fiestas de las primeras ferias se llevaron a cabo ahí y también los agasajos a los toreros. La casa vivió un esplendor y muchas orquestas internacionales tocaron en ella. En 1985, murió Eduardo Ochoa y un año después, su esposa, Rubria Cucalón, decidió venderla. Esta casa no figura entre los bienes que conforman el patrimonio cultural de la Nación, como cualquiera puede consultarlo en la página web del Ministerio de Cultura. Ahora, si se la quiere conservar, porque representa una época de la arquitectura moderna en la ciudad, que se haga con fundamento en la realidad, y no aprovechando el nombre de Jorge Isaacs, que terminó de escribir su novela en una casona mucho más modesta, que hace mucho tiempo fue derruida.El Centro Cultural. La edificación que albergó la FES, y que hoy se conoce como Centro Cultural de Cali, fue adquirida por el Municipio en un gesto de derroche innecesario. Para el momento, Cali contaba con el Palacio Nacional, que había sido donado por ley a la ciudad “para que construyera allí un centro cultural”. Pero la administración de la época hizo caso omiso de esa circunstancia, y en vez de abordar la adecuación del Palacio Nacional, le hizo el favor a la quebrada FES comprándole un edificio que nadie quería, a un precio generoso.Desde luego, el Palacio Nacional siguió abandonado, mientras que el edificio de la FES estuvo sin uso un año entero, mientras se concretaba un proyecto de Biblioteca en él, que luego resultó inviable, según concepto de Jorge Orlando Melo, entonces director de la Biblioteca Luis Ángel Arango.Allí, en el Centro Cultural, se pudo albergar al Archivo Histórico de Cali, éste sí un bien invaluable, como que es el único archivo histórico completo con el que cuenta cualquier ciudad importante de Colombia.Este archivo sí debiera declararse como patrimonio cultural de la Nación y el hecho de que se encuentre en condiciones de temperatura y humedad adecuadas en el Centro Cultural, debiera poner a dudar a quienes pretenden vender esta edificación que tan noble uso presta. ¿A dónde trasladarán el Archivo Histórico de Cali?

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