Patrimonio desconocido

Agosto 05, 2013 - 12:00 a.m. Por: Germán Patiño

El arte rupestre constituye una de las formas de representación hechas por el hombre más antiguas que se conozcan. Nos deslumbran algunos objetos como las pinturas de las cuevas de Altamira en España, la estatuaria de piedra egipcia y persa, o las maravillosas ciudades antiguas como Machu Pichu, esa joya de la cultura inca.En Colombia sabemos de San Agustín, aunque los colombianos casi no acudimos allá, la serranía del Chibiriquete, repleta de representaciones pictóricas en cuevas y piedras, el observatorio astronómico muisca en Villa de Leyva –con su sorprendente bosque de falos erectos- y algunos sitios más que han tenido algo de difusión, como Tierradentro en el Cauca.Pero no sabemos que el territorio colombiano está literalmente repleto de arte rupestre, que es testimonio de la gran cantidad de comunidades prehispánicas que, pintando piedras, o grabándolas, o esculpiéndolas, quisieron dejar un testimonio de su presencia, lo mismo que un mensaje cifrado y simbólico a las generaciones subsiguientes. Nos importa un pito, especialmente en el Valle del Cauca. Aquí, más por casualidad que por otras razones, poco a poco se han “descubierto” sitios con arte rupestre en diferentes municipios e incluso en las goteras de Cali. La Cumbre, en sitios como Lomitas, Pavitas, Bitaco y otros, gracias a una investigación de jóvenes universitarios, comenzaron a revelarnos la gran riqueza patrimonial de arte rupestre que aún existe. Pero también Vijes, Yumbo, Restrepo, Dagua, El Darién y Buenaventura, entre otros municipios.En Cali, en estribaciones del Cerro de las Tres Cruces se han hallado pinturas, grabados, esculturas y piedras talladas en forma de animales o geométricas, a lo que no le hemos prestado mayor atención. Se dice que este arte rupestre fue realizado por los antiguos Lilíes, y se sugiere que hay un complejo de sitios con arte rupestre que abarca el territorio de Pance. Otros corregimientos de la zona montañosa de la ciudad como Montebello, La Buitrera, La Paz, La Castilla y Golondrinas, reportan ocasionalmente hallazgos de caminantes o de estudiantes, a los nadie les presta atención.Es lamentable que así sea, porque estamos perdiendo una gran riqueza. No sólo para el estudio de nuestro pasado, lo que ya es triste, sino para aprovechar el potencial que tienen los sitios con arte rupestre para fortalecer la industria turística. Un buen ejemplo son las pinturas de las cuevas de Altamira: ellas atraen a 600 mil visitantes al año según datos del gobierno español.En países como China, por su parte, el gobierno y el sistema educativo han fomentado la organización de clubes juveniles que se dedican a buscar y fotografiar sitios con arte rupestre en cercanía de las ciudades. Y se organizan concursos que premian los mejores resultados, tanto por el valor patrimonial del sitio como por la calidad de las fotografías.Todo esto con el objetivo de documentar el patrimonio de arte rupestre, y también el de profundizar la investigación histórica, estética y arqueológica en institutos especializados y universidades.Como sabemos tan poco de nuestro propio patrimonio en arte rupestre, tal vez nos estemos perdiendo de un instrumento formidable para conocernos mejor –que es la razón de ser de la historia- y para fomentar el turismo cultural, que es el más rentable y beneficioso de todos.

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