Patrimonio cultural

Patrimonio cultural

Abril 30, 2012 - 12:00 a.m. Por: Germán Patiño

Supongamos: en el municipio boyacense de Chiquinquirá la ranchera encontró un aprecio especial por parte de la ciudadanía, en todas las fiestas se baila y la banda del pueblo toca rancheras los domingos, falsete incluido, en medio del fervor popular.Ese arraigo de la ranchera impacta. Tanto, que un grupo de intelectuales se propone declarar a la ranchera como patrimonio cultural de Chiquinquirá. Crean programas de radio, escuelas de baile, realizan concursos de baile de ranchera y los más atrevidos e ignorantes llaman a Chiquinquirá ‘la capital mundial de la ranchera’.Ellos, los intelectuales, han ‘echado a patadas’ al vallenato, a la música de carranga y a otros aires musicales de los salones de baile en Chiquinquirá, donde reina la hermosa ranchera. Tan culta, tan compleja, tan llena de armonías. Tienen el nombre de Antonio Aguilar a flor de labios y a un Grupo Chibcha local –no es de allí, pero no importa- que interpreta la ranchera como el mejor mariachi de la Plaza Garibaldi.Esto, claro está, impresiona a los políticos, hasta el punto de que el Concejo, un buen día declara que la ranchera es ‘patrimonio cultural de Chiquinquirá’. Los intelectuales se sienten felices, ellos que han hecho de la ranchera la razón de su vida. Y algunos, no muchos, hasta buenos negocios.Ahora quieren dar un paso adelante: aprovechar la declaratoria para que el Estado financie, con recursos públicos, todas las actividades alrededor de la ranchera en Chiquinquirá. Y, sabiendo que no pueden aparecer como monótonos, hasta están dispuestos, benévolos ellos, a que se entreguen algunos recursos para fomentar la música de carranga a la que parece que la Administración Municipal le ha entregado demasiada plata, sin mucha razón, pues la ranchera es lo que cuenta.Si alguien les dice que ella tiene tanto consumo que debiera producir sus propias rentas, se ofenden. Que no les digan que la ranchera está ‘consolidada’ en Chiquinquirá, pues aunque eso es lo que ellos han sostenido durante años, también podría significar que el Estado no aflojará los recursos suficientes para que se puedan hacer buenos negocios. No, gritan: la ranchera “no está consolidada en Chiquinquirá”, pero somos la “capital mundial de la ranchera”.Estos intelectuales están inquietos y se pegan de la expresión ‘patrimonio cultural’ para defender su causa. Pero se olvidan de varias cosas: primero que el patrimonio cultural en Colombia debe ser ‘expresión de la nacionalidad colombiana’, cosa que no sucede con la ranchera; segundo, que el consumo no determina el carácter patrimonial sin tener en cuenta la creación, el desarrollo y la identidad social del bien cultural en cuestión; y tercero, que un Concejo no tiene atribuciones legales para declarar ‘patrimonio cultural’ a cosa ninguna.Ahora, para que no los invada la tristeza, habrá que aceptarles que la ranchera se baila en Chiquinquirá de manera singular: medio circense, dejando de lado el ritmo para seguir la melodía y a mil revoluciones por minuto.Vale: tal vez pudieran declarar el ‘estilo chiquinquireño de bailar la ranchera’ como un patrimonio intangible, incluso de la Nación, pero tendrán que ponerse serios y estudiar los documentos existentes al respecto en el Ministerio de Cultura. Y no confundir música con danza. No habla bien de ellos que confundan un arte con otro.

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