Paranoia

Paranoia

Abril 02, 2012 - 12:00 a.m. Por: Germán Patiño

Con motivo del tema de la legalización de la producción y consumo de sustancias psicotrópicas, se han producido al menos dos declaraciones sorprendentes, que deben llamar la atención de cualquier lector atento.Una, de la señora Hillary Clinton, que causó alarma en México -aquí la prensa ni se dio por enterada-, según la cual las drogas no pueden legalizarse “porque hay mucho dinero envuelto en ellas”. Esa declaración se ha tomado como un lapsus, aunque muchos comentaristas mexicanos prefirieron llamarla como “una declaración de excepcional sinceridad”.Pues es cierto que hay mucho dinero en el negocio de las drogas, alrededor de 500 mil millones de dólares en el mundo, dinero que mueve a la industria de armamento, la construcción y dotación de cárceles y, en general, los negocios relacionados con el consumo de bienes suntuarios. Acabar con ese flujo de dinero, o mermarlo sustancialmente, significaría un duro revés para varios sectores claves de la economía estadounidense, lo que sería negativo en estas épocas de recesión.La otra declaración la produjo el expresidente Álvaro Uribe en su twitter y es la siguiente: “Hablar de legalización en la Cumbre de las Américas, sería la legitimación del narcotráfico en la región y motivo de desánimo de las FF.MM., quienes lo combaten”. Si la primera es cínica, la segunda es enfermiza. Pues ¿a quién se le puede ocurrir que debatir las posibilidades de legalizar la droga, en un encuentro de jefes de Estado, sería lo mismo que “legitimar el narcotráfico”?No se entiende. Y no se sabe si este tipo de interpelaciones de Uribe son simplemente el eco de su estilo patriarcal, que prohibe hasta hablar de ciertas cosas, o un síntoma de enfermedad mental, que le hace ver enemigos por doquier, hasta el punto de que cualquier propuesta que se salga de lo que él considera ‘políticamente correcto’, la considera una especie de amenaza contra su ‘obra de gobierno’, en especial si ella viene de la actual Presidencia de la República.Peor aún agregarle la muletilla uribista según la cual aquello afectaría el ‘ánimo’ de las Fuerzas Armadas. Primero, porque se trata de una materia abstracta que nadie puede medir. Y segundo, porque entraña una amenaza contra quienes piensen de manera contraria. Así ha sucedido también con otros temas, como el de las condenas a militares por abusos en materia de derechos humanos, o con respecto a la reforma del fuero militar.Al respecto, recuerdo cuando en la campaña por su primera reelección el candidato Carlos Gaviria planteó que Uribe necesitaba de una evaluación psiquiátrica. Entonces me pareció que la petición era un exceso y una marrulla oposicionista. Pero ahora, tras leer el enfermizo trino de Uribe, me inclino por creer que el expresidente de veras necesita de una evaluación de ese tipo.Hablar o discutir sobre la posibilidad de legalizar las drogas es un derecho de los jefes de Estado latinoamericanos, en especial los de México y Colombia, que han visto a sus países desangrados, al participar con entusiasmo en una ‘guerra contra las drogas’ que ya lleva 40 años sin arrojar resultados positivos.Mientras tanto, California se propone legalizar la producción y consumo de la marihuana, que ya es la principal cosecha agrícola de este riquísimo Estado. Y aquí, un paranoico, que todavía se cree en el poder, nos prohibe hablar del asunto.

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