Ola invernal

Ola invernal

Diciembre 06, 2010 - 12:00 a.m. Por: Germán Patiño

Según los voceros de la CVC, en el Valle hay cerca de 20 mil hectáreas inundadas, en especial por desbordamientos del río Cauca y algunos de sus afluentes. Y sigue lloviendo, sin pausa.Estamos rodeados por las aguas y no es culpa de la naturaleza. Antiguos funcionarios de la CVC señalan que esta entidad nunca culminó las obras previstas para mitigar las inundaciones en los inviernos fuertes. ¿Qué ha hecho esta entidad con las ingentes cantidades de dinero que recauda todos los años? ¿Cuántos estudios y proyectos no ejecutados, pero sí bien pagados, reposan en sus anaqueles? ¿Qué se hizo el proyecto de pequeñas centrales hidroeléctricas en los afluentes del Cauca, desde el Timba hasta La Vieja, proyecto que permitiría regular el caudal de las aguas de estos ríos?Pero también existe una enorme deuda ambiental de la industria azucarera, que ha utilizado a su antojo las aguas superficiales del Valle, y aún las subterráneas, y además ha producido una incalculable contaminación de ríos y quebradas. Los investigadores Mario Pérez y Paula Álvarez, publicaron con la Universidad del Valle el libro ‘Deuda social y ambiental del negocio cañicultor en Colombia’, en el que, utilizando cifras de Asocaña y del sector estatal, demuestran el daño causado a lo largo de décadas y el costo astronómico al que asciende. Creo que este libro debiera ser leído por todo aquel que ame al Valle de veras.En los últimos 60 años hemos eliminado de manera total la capa boscosa del valle geográfico, e incluso hemos causado un daño mayor en el pie de monte. Ya no hay grandes extensiones de guaduales a las orillas de los ríos, y nos hemos pasado por la faja todas las normas legales. Ricos y pobres han construidos sus viviendas a las orillas de los cursos de agua, sin importarles las consecuencias para los demás. Y ninguna autoridad, de ningún nivel, se ha preocupado por hacer cumplir la Ley que obliga a dejar una franja de terreno libre a lado y lado de las orillas de los ríos.Peor aun: las autoridades sólo se ocupan de ejecutar proyectos intensivos en el uso del cemento y del hierro, contribuyendo de esta manera a aumentar el calentamiento global, sin comprender que a mayor temperatura en la atmósfera más evaporación de agua, nubes más cargadas y aguaceros calamitosos.Aunque pueda sonar extraño y radical, creo que todo esto tiene que ver con la clase política que nos gobierna. Décadas y tal vez centenares de años de manejo de la sociedad por esta especie de plaga bíblica ha dejado a la ciudadanía inerme. Ya no tengo más que una respuesta para quien me pregunta qué hacer: ¡Hay que cambiar a la clase política!Si llueve mucho es culpa de la clase política. Si no llueve, también. Si caen rayos es culpa de la clase política, lo mismo que si se vuelve a desmoronar una montaña en la cuenca del Dagua.Mientras padezcamos a esta peste seguirá arreciando el invierno y nuestro mundo se llenará de hongos. Las camisas recién lavadas, a los dos días se pudrirán por la humedad, y a los niños les crecerá musgo en vez de pelos. Nada será sobrenatural, hay responsables concretos.Nuestra vida será triste y gris, como un invierno eterno, y habrá inundación, hambre, muerte y desesperanza mientras no seamos capaces de salir de la clase política que nos gobierna. Ni Dios ni el clima tienen que ver en este asunto.

VER COMENTARIOS
Columnistas