Ni pérdida, ni ganancia

Noviembre 26, 2012 - 12:00 a.m. Por: Germán Patiño

Aunque resulte aburrido reiterar en el tema del diferendo limítrofe con Nicaragua, se impone, tanto porque se volvió dominio de la opinión pública como porque se escriben tantas imprecisiones y bravatas, que es necesario salir al paso.Primero que todo, creo que es necesario volver al Tratado Esguerra-Bárcenas, que es como la piedra de toque del conflicto entre los dos países. Ese tratado fue desconocido por Nicaragua con el argumento de que fue firmado en un momento en que su país se encontraba ocupado por tropas de Estados Unidos y no era, por lo tanto, una república soberana. Un argumento respetable que, sin embargo, fue rechazado en el 2007 por la Corte de Justicia de La Haya al confirmar la vigencia del Tratado en cuestión.¿Por qué entonces, si la propia Corte aceptó el Tratado en el que Colombia cifra sus derechos, terminó delineando una frontera marítima que beneficia a Nicaragua? Esto sería una contradicción evidente, que justifica la reserva manifestada por el presidente Santos y las muchas voces, a veces iracundas, que llaman a desconocer el fallo de la Corte Internacional de Justicia. En principio no podía creer que una institución, con el prestigio de aquella, pudiera cometer un error tan evidente. Pensé que no conocíamos bien el contenido del Tratado Esguerra-Bárcenas y que era necesario leerlo. Así lo hice y me encontré con una sorpresa: Nicaragua reconoce la soberanía de Colombia sobre el Archipiélago de San Andrés con todo lo que este comprende. Pero el artículo primero determina expresamente: “No se consideran incluidos en este tratado los cayos Roncador, Quitasueño y Serrana; el dominio de los cuales está en litigio entre Colombia y los Estados Unidos de América”.Más claro no canta un gallo: el Tratado Esguerra-Bárcena no reconoce la soberanía de Colombia sobre los cayos Serrana y Quitasueño, que son los que hoy están en la boca de todos, porque quedaron enclavados en una porción de mar nicaragüense. Y tampoco de Roncador. Así, la verdad es que Colombia ganó bastante, pues hoy tiene títulos legítimos de soberanía sobre tres cayos que estaban en cuestión, lo que el país había aceptado en el Tratado Esguerra-Bárcenas.Por eso no creo que el Presidente tenga razón en la reserva al fallo de la Corte. Me imagino que tiene el derecho de patalear, para ver si logra algo adicional, pero creo que ya logró bastante: aclarar lo relacionado con tres cayos cuya soberanía estaba en cuestión, legalmente, desde 1928. Colombia tiene hoy soberanía legitimada sobre todo el Archipiélago de San Andrés y Providencia, incluidos todos sus cayos. Eso es más de lo que tenía en el Tratado Esguerra-Bárcenas. Hemos ganado y no hay porqué rasgarse las vestiduras.Ahora bien, se ampliaron los derechos marítimos de Nicaragua hasta incluir en ellos a los cayos de Serrana y Quitasueño, que continúan siendo colombianos, incluidas las 12 millas de mar territorial alrededor de ellos. Eso, sin duda causará problemas de navegación, controles marítimos y problemas de tránsito entre el centro del archipiélago y sus islotes más al norte. Pero no son insolubles y hay que trabajar para resolverlos.Ni Nicaragua perdió, ni Colombia ganó. Se trata de una solución justa que debiéramos aceptar sin reservas. Y que haya más voces ilustradas y menos patrioterismo de película mexicana (ese patrioterismo, a lo mero macho, llevó a que México perdiera Texas y casi medio país).

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