Minas y notas

Minas y notas

Septiembre 06, 2010 - 12:00 a.m. Por: Germán Patiño

Tal vez no haya peor oficio en el mundo que ser minero en Colombia. Recuerdo la canción, esa que Germán Arciniegas llamó “la marsellesa de la negritud colombiana”: “Aunque mi amo me mate, a la mina no voy, yo no quiero morirme en un socavón…”.Leonor González recorrió el mundo con ella y transmitió el dolor y la ira de los afrodescendientes colombianos obligados a descender a los oscuros, profundos, húmedos, calurosos y letales socavones, para construir con su vida la fortuna de amos indiferentes y, en muchas ocasiones, crueles. Bellas jóvenes negras de Cali eran enviadas como castigo a trabajar en las minas de Nóvita, porque sus amas celaban a sus maridos o sospechaban de infidelidades.Todavía es así, digo el trabajo en las minas colombianas, donde la gente muere a montones, mucha veces sin que nadie, fuera de sus dolientes, se entere. Por eso no entiendo cómo el Gobierno tiene fincadas sus esperanzas de crecimiento económico del país en una especie de boom minero, al mismo tiempo que nada hace para mejorar las condiciones de trabajo en las minas de Colombia.Lo vimos en Zaragoza, con todo y que allí no se trato de explotación en socavones, el peor horror de cualquier mina. Nadie hizo fortuna, con excepción de dos o tres ricachones, algunos de dineros mal habidos, que, como crueles amos coloniales, se limitaron a aprovechar lo que multitud de gente pobre y desesperada logró arrancar a la tierra. Hace poco lo vimos en Envigado, con saldo trágico de infelices mineros asfixiados en las entrañas de la montaña. Acaba de pasar en Boyacá, cuando los gases explotaron en el socavón. Y seguirá pasando, casi a diario, si el Estado no decide, de una vez por todas, poner coto a la irracional explotación minera en Colombia.En realidad todo parece dirigido para que el boom minero lo sea de las grandes compañías o de las multinacionales, pero no de los mineros artesanales, ni tampoco de los trabajadores de los grandes mineros. Como ha sido usual, se legislará para proteger la inversión de los que ya tienen, y se dejará abandonados a su suerte a los millones de colombianos que nada poseen.De entrada diría que una medida necesaria, pero que nunca veremos adoptar, consiste en prohibir la explotación minera en territorios de negritudes o de comunidades indígenas a personas ajenas a las comunidades que han habitado ancestralmente aquellos espacios. Indígenas y afros realizan una minería de carácter artesanal que les ayuda a complementar sus ingresos y que no causa mayor depredación ambiental. Todo el daño se produce cuando llega gente de fuera, con equipos costosos y grupos nutridos de trabajadores.La minería puede ser una bendición o una peste. Puede generar riquezas o puede causar muertes horrorosas. Todo depende de para quién se tracen políticas desde el Gobierno. Antes de cualquier boom es mejor tener esto claro.NOTA.- Poco a poco, todo el asunto del “Dasgate” se va aclarando. Hay autores de ilícitos cantando como mirlas. Acabamos de saber cómo fue infiltrada la Corte Suprema de Justicia en una criminal colaboración entre agentes del DAS y de la Policía Nacional. Ya se llegó hasta “los hombres del Presidente”. Creo que, como en EUA cuando Nixon, se llegará hasta el final, hasta el hombre que ordenó aquella infamia.

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