¿Mejor perder?

Junio 23, 2014 - 12:00 a.m. Por: Germán Patiño

Hace poco escribí, con respecto al Mundial de Fútbol, que los colombianos nos merecíamos una razón para salir a bailar de alegría. Hoy me retracto.Las celebraciones del triunfo contra Grecia dejaron, sólo en Bogotá, “3.000 riñas, 15 heridos, nueve muertos”, según lo informó el alcalde Petro. Algo similar ocurrió en otras ciudades del país, entre ellas Medellín, Cali y Bucaramanga. No pasó igual en sitios como Barranquilla y Buenaventura. Pareciera como si la Colombia andina no supiera celebrar, mientras que otra cosa sucede en las costas del país.Y el caso es recurrente. Por ejemplo, recordamos el 5 a 0 de Colombia contra Argentina en las eliminatorias para el Mundial de 1994, pero nos hemos olvidado de los 76 muertos y 912 heridos de aquella apoteósica celebración. Y no tengo ninguna duda: cuentan más los muertos y heridos que el triunfo contra los argentinos. O al menos debieran pesar más en la memoria colectiva.No sucede lo mismo cuando perdemos aunque también haya tragedias que lamentar. La conclusión sería que para los colombianos tiene mejores consecuencias perder los partidos, antes que ganarlos que es lo contrario de lo que sucede en el resto del mundo. De hecho, el portal de la BBC y los medios internacionales que cubren el Mundial en Brasil, se muestran incapaces de explicar los luctuosos acontecimientos colombianos. Es que ni siquiera la derrota en el ‘Maracanazo’ produjo ese tipo de tragedias en Brasil.En la Colombia andina, tal vez con excepción de Pasto, lo que sucede después de un triunfo resulta casi inexplicable. Supe, por el chisme del barrio, que el día del partido contra Costa de Marfil, varios amigos se citaron para ver el juego en una cervecería cercana. Ese grupo de estudiantes universitarios, trabajadores y familiares se vieron a las 9 de la mañana y comenzaron a tomar licor desde esa hora. Vieron el partido, gritaron los goles, celebraron y se abrazaron hasta que terminó el encuentro.Luego comenzó la riña. Enloquecidos por el alcohol y envalentonados por la victoria nacional se liaron a puñetazos, botellazos y lanzamientos sillas. Dos de ellos terminaron en el hospital y otros más salieron del encuentro con heridas, mientras que un motociclista que pasó por allí en medio de la riña debió hacer un giro brusco para evitarla, atropellando a una madre con su hija. La niña está todavía en el hospital, con varias fracturas.Por eso no es de extrañar que las autoridades se hayan visto obligadas a tomar medidas de guerra con motivo del próximo partido de Colombia contra Japón. Leo en la prensa que se implementará “el Plan Desarme y la ley Seca en toda la ciudad el próximo martes” y que se prohibirá “la ubicación de tarimas, graderías y pantallas de televisión en el espacio público, así como el uso de harina y espuma”. Asimismo se incrementará el pie de fuerza de la Policía en sitios especiales.Pareciera que en la Colombia andina no saben diferenciar entre la ficción y la realidad. Aunque el Mundial de Fútbol es una alegoría de la guerra entre naciones, en realidad no hay ninguna guerra sino varios juegos, varios espacios para el entretenimiento.Tal vez nos hacen falta carnavales en los Andes, para que los ciudadanos sepan como comportarse en celebraciones callejeras y multitudinarias. Mientras tanto no nos merecemos ninguna razón para bailar de alegría.

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