Mal comienzo

Septiembre 10, 2012 - 12:00 a.m. Por: Germán Patiño

Todos queremos la paz. ¿Quién no? Y todos hablamos de paz, al menos por ahora, digamos que está de moda. Mejor, es un tema que nunca pasa de moda y hay quienes se la pasan toda la vida escribiendo sobre paz y amor, redundando en lo obvio, hasta adquirir fama de gente buena y caritativa.Pero la vida no es paz y amor. Como lo dijo San Agustín, “la vida es lucha”, y la paz y el amor son instantes sublimes, que llegan en pocas cantidades y se van demasiado rápido. Ni el pasado fue mejor, ni el futuro es luminoso. “Todos los seres humanos vivimos en tiempos difíciles”, afirmó Borges, con más razón que tanto escritor de autoayuda.Así estamos ahora, con los diálogos de paz que comenzaron en La Habana. Los contemplamos con el deseo -paz y amor- y no a través de los hechos. Y lo visto hasta ahora muestra que las Farc tienen escasa o casi nula voluntad de paz, mientras que el Gobierno y los empresarios se desviven por ella. Lógico: la tranquilidad genera un mejor clima para los negocios y es preferible a la zozobra que causa la violencia. Esta diferencia de expectativas resulta una mala ecuación.Por lo que las cosas empezaron mal. Aceptar la discusión sobre las reformas sociales en la mesa de diálogo, un asunto que es del resorte del pueblo colombiano a través de las instituciones democráticas, resulta un mal comienzo. Basta ver la enorme contradicción entre el PDA y el senador Robledo con el Gobierno, en torno a la interpretación de la Ley de Tierras, para saber que allí las Farc tendrán espacio suficiente para dilatar el proceso hasta la eternidad.Proponer a ‘Simón Trinidad’ como negociador por las Farc, a sabiendas de que está pagando condena en Estados Unidos, y que la solución a ese problema no está en las manos del Gobierno colombiano, no puede significar más que poner un obstáculo al propio proceso de negociaciones. Si, además, como dijo Enrique Santos, el estilo negociador de las Farc consiste en dilatar hasta la exasperación cualquier pequeña diferencia, y convertir en fundamental cualquier nimiedad, ya nos podemos imaginar lo que serán las conversaciones sobre las reformas sociales y el papel negociador de ‘Simón Trinidad’.El discurso de ‘Timochenko’ no mostró ninguna capacidad autocrítica de la guerrilla, que terminó endilgándole toda la responsabilidad por el fracaso del proceso del Caguán al gobierno de Andrés Pastrana, como si ellos no hubiesen tenido ninguna responsabilidad. Tampoco tuvo alguna reciprocidad con el presidente Santos, quien reconoció que la guerrilla había tenido ‘seriedad’, en un gesto gallardo que el país comprende. Pese a lo dicho, el discurso fue arrogante, retador y lleno de falsedades (además del lenguaje trasnochado, que es insoportable).Peor aún, la negativa rotunda a su responsabilidad por la toma de rehenes o secuestrados, y la afirmación de que no hay ni uno en su poder. Cuando los propios familiares de las víctimas los han señalado con nombres precisos y circunstancias en las que fueron secuestrados por esa guerrilla. Si no los tienen, murieron en cautiverio, lo que sería peor.Difícil creer, con este comienzo, en la voluntad de paz de las Farc, así a todos nos guste la ‘paz y el amor’. Amanecerá y veremos.

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