Los Juegos Atléticos

Noviembre 12, 2012 - 12:00 a.m. Por: Germán Patiño

“El caleño sabe bailar, sabe nadar y juega bien al fútbol”, es una expresión que escuché mucho de parte de entrenadores deportivos cuando estudiaba en el colegio alemán de Cali.De eso hace mucho tiempo, y la expresión entonces tenía algún sentido. En particular por aquello de la natación y el fútbol. Era la época en que en los intercolegiados de Cali se batían récords nacionales de natación todas la noches, en medio de la algarabía juvenil que atronaba el ambiente en las piscinas Alberto Galindo. Y en la que se tenía en mente a la maravillosa selección de fútbol dirigida por Jorge Orth, una selección Buenaventura reforzada, en la que brillaban Delio Gamboa y Marino Klinger.Por entonces el Valle estaba en la cúspide de su hegemonía en el deporte nacional, hegemonía que había logrado desde 1941 y mantendría por más de 30 años. Los Juegos intercolegiados eran el semillero de las formidables camadas de medallistas de oro que surgían con cada versión de los Juegos Atléticos Nacionales. Y los nadadores (as) constituían el contingente principal de la superioridad deportiva sobre el resto de departamentos.Pero a partir de la década de 1980 el Valle pasó a un segundo lugar y se dio inicio a un dominio de Antioquia que se prolongó por 12 años. Coincidió el hecho de que perdiéramos la hegemonía en natación con las derrotas en los Juegos Nacionales. Junto con el Valle, otro departamento de buena figuración, Atlántico, también perdió protagonismo. Tanto en Cali como en Barranquilla se comenzó a decir que había “mucha rumba y poco sacrificio” entre los deportistas.No me lo creo. Saber bailar y saber nadar no son destrezas en contradicción, pues el sentido del ritmo es tan importante para el deporte, como la elasticidad y resistencia física lo son para la danza. Se trató más de indolencia de los dirigentes deportivos, que se durmieron en sus laureles, dejaron acabar los Juegos Intercolegiados y no fueron capaces de planificar a largo plazo. Atlántico se hundió en una crisis de la que no ha salido, y el Valle dio pruebas de que todavía tenía con qué, al ganar los Juegos Atléticos Nacionales de 1996 en Bucaramanga, interrumpiendo la hegemonía antioqueña. Esa victoria demostró que los caleños todavía podían “bailar, nadar y jugar bien al fútbol”, y que las fallas deportivas había que buscarlas a nivel de dirigencia. Con el Gobernador a la cabeza el Valle volvió a la gloria en 1996.Pero el gobernador siguiente no entendió la importancia del deporte para la población vallecaucana, y el departamento no se presentó a defender su título en las justas siguientes, dejándole el camino libre a Antioquia. Después no hemos vuelto a ganar, mientras Bogotá ha avanzado de manera considerable, gracias a una sucesión de buenos alcaldes, hasta el punto de que hoy amenaza el predominio histórico de Valle y Antioquia.Al momento de escribir se presenta una cerrada lucha por el primer lugar entre Valle, Antioquia y Bogotá. Atlántico no aparece, lo que es una pena, pues Barranquilla le ha dado muchas cosas buenas a Colombia, entre otras nuestra primera medalla olímpica con Helmut Bellingrodt. Siempre tenemos altas expectativas con Barranquilla.No sé qué sucederá con estos Juegos de ahora. Pero puedo afirmar que la tabla de posiciones final nos dirá cómo estamos de dirigentes departamentales en el país.

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