Lo vallecaucano

Enero 31, 2011 - 12:00 a.m. Por: Germán Patiño

Quien observe el escudo de Cali, diseñado en España y aprobado por la corona española, se sorprenderá al ver que Santiago de Cali está representada en medio de dos ríos y a orillas del océano. Al frente suyo hay anclada una goleta.¿Por qué? Si Cali se encuentra en medio de un valle interandino, a orillas del río Cauca y una gran montaña la separa del mar. Por una razón: el fundador de la ciudad, Sebastián de Belacázar, ordenó fundar a Cali con la idea de ésta fuera “un nexo entre el interior del país y el Mar del Sur”, como lo expresó en carta al Rey de España. En la península siempre creyeron que Cali estaba más cerca del Pacífico de lo que en realidad quedó. De allí que muy pronto se ordenara también la fundación de Buenaventura (el puerto de La Cruz) para que ese nexo se hiciera cierto.Por eso, desde el principio de los tiempos Cali y Buenaventura han estado íntimamente unidas, compartiendo un destino común y ligando en lazos indisolubles a la gente de la llanura marítima con el altiplano andino.Desde los inicios de la conquista española la llanura oceánica atrajo a los habitantes del valle interior. El oro fue la primera motivación y el comercio exterior la segunda. Innumerables caravanas han recorrido, en ambos sentidos, los caminos entre una y otra planicie, forjando un entramado de sitios de paso, fondas, pueblos y ciudades, que se traducen en una red de relaciones sociales que explican la unidad cultural percibida entre los pobladores de uno y otro espacio. Este acarreo constante y prolongado es el que permite hablar de una región vallecaucana que supera los límites impuestos por la geografía para extenderse más allá de las vegas del Cauca y abarcar territorio de marismas, zonas de manglares y riberas y bocanas de río marítimos.Este transitar, en especial transitar de esclavos, y no la llanura interior, como se piensa, construyó la región cultural que Isaacs llamó “país vallecaucano”. De allí que el Valle no se conciba sin el Pacífico, ni éste sin el Valle. Así lo supieron los pobladores de Barbacoas cuando una tropa de caleños libró allá la batalla que expulsaría para siempre al gobernador español Miguel Tacón en los albores de la Independencia. Así también la gente de Buenaventura cuando decidió adherir a la Junta de Ciudades Confederadas del Valle del Cauca. E incluso los pueblos del San Juan chocoano en el momento en que Nóvita también dio su apoyo a la Junta de Ciudades Vallecaucanas.El centralismo bogotano nunca ha entendido esta realidad y por eso creen que pueden cercenar una región estrechamente unida, segregando el andén del Pacífico de la llanura vallecaucana. Pero eso no será aceptado, ni en el Valle ni en el Pacífico.Razón tienen Germán Villegas y Luis Guillermo Restrepo al protestar por el absurdo de Planeación Nacional, que diseña regiones a su antojo, pegados del mapa, pero sin tener en cuenta la historia, la cultura y las relaciones sociales establecidas a lo largo de los siglos.Somos más porteños que bogotanos, así como los condoteños son más caleños que paisas. Pertenecemos a una región Pacífico indisoluble, al lado de pastusos y tumaqueños, payaneses y guapireños, caleños y bonaverenses.Desde luego, tenemos que hacer más por mejorar las condiciones de vida de nuestros hermanos de la costa. Pero eso no lo puede dictar el centralismo bogotano, que nunca ha terminado de comprender al país.

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